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martes, 4 de julio de 2017

David Collado y la crisis política

Por Patricia Báez Martínez/

República Dominicana vive una crisis política que pudiera, inclusive, agravarse, la población que una vez Juan Bosch clasificara como de peledeístas y corruptos, hoy está –a grandes rasgos- dividida entre corruptos y pueblo. La Marcha Verde causa pánico entre los corruptos, hay represión, agresiones y se anuncia el reforzamiento de la seguridad del Palacio Nacional y del Presidente al supuesto costo de 22 millones de pesos, es decir, los saqueados además pagaremos con nuestros impuestos la seguridad de los saqueadores.

A todo esto, ¿Dónde está el alcalde del ayuntamiento más importante del país? ¿Cuál es su posición política ante este escenario de crisis? ¿Está ese alcalde del lado de los corruptos o en la acera del pueblo que exige investigación, cárcel para los corruptos y devolución de lo robado? No sabemos. David Collado, a pesar de ocupar una posición política, se mantiene como un apartidista; pese a haber recibido el apoyo de dos organizaciones políticas (PRSC y PRM), no se le ve públicamente enarbolar las banderas de ninguno de estos partidos en la lucha que se libra en las calles.

Entonces es cuando recordamos que el PRSC, como partido, es una organización política que nace y se desarrolla al amparo de la corrupción, y una parte importante de su membresía es cómplice del latrocinio actual (el difunto Carlos Morales Troncoso, Freddy Pérez, Humberto Salazar, Licelot Marte de Barrios, Lila Alburquerque, Ángel Lockward, Soila Martínez, Héctor Rodríguez Pimentel, entre muchos otros), por lo tanto, no tiene ni voz ni voto en la coyuntura actual. Descalificado.

Y el PRM, que pudiera enarbolar la bandera anti corrupción por ser una escisión de un partido que en un tramo de su historia fue contestatario y defensor de los derechos del pueblo, sin embargo, hoy no cuenta con el aval moral, pues aunque los exfuncionarios del PRD pueden tomar clases de los master del robo o peledeístas, no están libre de pecado, tienen colas que pueden arder en cualquier momento. Descalificado también.

La otra filiación de David Collado es el empresariado, exactamente Juan Vicini, quien es su mecenas. Esos no pueden hablar de corrupción pues su emporio azucarero e industrial surge del acto corrupto de un dictador donar parte del país a un expresidente de la República que lo aupó para que pasara de ser un simple jefe de la Guardia Nacional a Presidente de la República. Por demás, sabemos que la industria y el empresariado criollo siempre han sido lisonjeros del Poder para así evadir impuestos, traer haitianos a los campos de caña y la construcción y deportarlos cuando ya no los necesiten, obtener jugosos permisos de importación a costa de los productores nacionales, comprar a precio de vaca muerta bienes del Estado, explotar a los obreros sin consecuencias legales, etc… Descalificado por default.

David Collado no tiene una estructura política sin compromiso con la corrupción y la impunidad desde la cual aliarse y apoyar al Movimiento Verde, aunque quisiera; es un preso de confianza de los corruptos del patio. Está más en la acera de los corruptos y no en la del  pueblo. Por eso su silencio cómplice.

“Es que es un presidenciable” (es decir, debe cuidar las posiciones políticas que adopte para que no se conviertan en boomerang), me comenta un amigo al respecto.
Y le contesto: “Un presidenciable se pronuncia en estos momentos (crisis política tres años antes de unas elecciones), ¿De dónde cree él que sacará los votos en el ‘20 si no está presente en este momento?”.
“Él no tiene partido, tiene el dinero de los Vicini”, insiste mi contertulio, y le riposto:
“Los Vicini nunca han puesto presidente aquí (Y quizá yerro)”.

La cuestión es que el joven y buenmozo alcalde del Distrito Nacional trabaja solo y para sí mismo, y cree que en el 2019 tendrá la misma suerte que en 2016. No vale lo mismo para el votante un alcalde que un presidente: El alcalde en República Dominicana recoge basura en una circunscripción x; el presidente significa atraso o avance para toda la nación, es una apuesta a cara o cruz.  Y ninguno de los partidos ni el grupo económico que le apoyaron tiene suficiente ascendiente político-social como para redituarle los votos que va a requerir para aplastar a un PLD que sin aliados ya sobrepasa el umbral del 50% de los votos. Al menos que el “alcalde Calvin Klein” le esté coqueteando al PLD para ser su candidato presidencial en el 2020, porque –a resumidas cuentas- él no es un político, es un emprendedor y outsider (extrapartido), por lo tanto, no tiene ninguna atadura ideológica con los partidos que le apoyaron en 2016.

Mas, guerra avisada no mata soldado: El ciudadano y la ciudadana dominicanos están despertando del letargo, ya no se dejan encandilar por la juventud, belleza y palabras bonitas, y son bastante conscientes para no dejarse instrumentalizar por los oportunistas.



La autora es periodista y politóloga.

sábado, 4 de febrero de 2017

El techo de cristal del sistema de partidos dominicano

Por Patricia Báez Martínez

El artículo 50 de la Ley Electoral, modificado por la Ley 78-05, establece la forma en que han de distribuirse los fondos que otorga el Estado a los partidos políticos. El 80% de éstos se distribuye a partes iguales entre los partidos que obtuvieron el 5% o más de los votos en el proceso electoral anterior, sin importar el tope de votos obtenidos; mientras el 20% restante se distribuye de la siguiente forma: 12% entre todos los partidos que obtuvieron menos del 5% de los votos en el proceso electoral anterior y los recién reconocidos, y el 8% restante se distribuye proporcionalmente de acuerdo al porcentaje de voto obtenido por cada una de las organizaciones minoritarias en las elecciones anteriores, es decir: La élite partidaria que dirige el Congreso, mediante la Ley Electoral, sometió a los partidos minoritarios a una competencia por el voto y los recursos del Estado, de la cual los partidos mayoritarios que ella representa están exentos.

Entre los partidos mayoritarios los resultados electorales difieren, pero  la asignación pública es la misma para todos; en el caso de los partidos minoritarios las partidas públicas están condicionadas por el desempeño electoral. De este  análisis se desprende que existe una oligarquía del sistema de partidos que tiende a ponerse de acuerdo con el fin de garantizar  el bienestar y la sobrevivencia del grupo, mientras somete a los partidos minoritarios a la competencia y a un diseño democrático de la asignación de fondos públicos que debería aplicarse a todos los partidos sin distinción. 

El sistema de elección de mayoría absoluta (50 + 1) ha incidido en la elaboración de este diseño de distribución del financiamiento, toda vez que el partido con mayoría en el Congreso procura mantener “buenas relaciones” con los partidos mayoritarios hoy en desgracia (PRSC y PRD), de ahí también que la JCE haya reducido el umbral requerido para ser considerado partido mayoritario de 6 a 5% de los votos válidos emitidos, y que éstos puedan seguir accediendo a la mayor proporción de fondos públicos destinados a los partidos políticos, aunque su desempeño sea paupérrimo. 

Todos estos factores sistémicos se combinan para producir lo que hemos dado en llamar ‘el techo de cristal de los partidos políticos’ (techo de cristal es un término de uso ocasional en el mundo organizacional/empresarial y en la teoría de género).  Con el ‘techo de cristal’ el PRD, PLD y PRSC han asegurado ser por décadas los únicos integrantes del exclusivo club de los partidos mayoritarios, mientras los minoritarios (mayoritarios en cantidad) luchan por sobrevivir a ese sistema de exclusión e inequidad en el que el paternalismo y el autoritarismo se expresan conformando una estructura piramidal en la cual las organizaciones políticas con más poder dominan a las más débiles.

El PRM es un caso atípico en todos los sentidos, desde ser un partido con votación mayoritaria financiado con recursos de un partido minoritario en el recién pasado proceso electoral, hasta lograr pasar de partido minoritario a mayoritario con solo participar en una sola elección, lo que de alguna manera demuestra que es el mismo PRD, pero con otro nombre. Los dirigentes perremistas, parte de los diseñadores de ese diseño de exclusión desde el Congreso en 2005, han debido tomar el trago amargo de ser minoría, aunque rápidamente han logrado colarse en el exclusivo club de los partidos mayoritarios.


* Este escrito inicialmente fue uno de los capítulos de mi tesis para optar por el título de Maestra en Ciencias Políticas para el Desarrollo por la Universidad de Salamanca y el Iglobal, mas por recomendación del asesor metodológico fue eliminado. Por el valor que entraña, he decidido publicarlo en mi blog. El gráfico y el cuadro son también de mi autoría. Para reproducción, favor citar la fuente o lo que es lo mismo: Darme el crédito.

jueves, 18 de junio de 2015

Danilo y la epifanía de la mentira


Existe una muralla histórica, por no llamarle barrera, que el gobierno de Danilo Medina no ha podido romper, la de la corrupción y la impunidad

Por Patricia Báez Martínez

Cuando todo cuanto se ha dicho es “un amasijo hecho de cuerdas y tendones/un revoltijo de carne con madera/un instrumento sin mejores resplandores/que lucecitas montadas para escena”, solo nos queda  la disección de la mentira.

1.      El Presidente inició su discurso de este martes 17 de junio mencionando avances institucionales y supuestas barreras históricas que ha venido rompiendo su gobierno.  Pero a pesar de que prometió combatir la corrupción y la impunidad, no lo hizo, por el contrario, además de solicitar a la ciudadanía “no lanzar piedras hacia atrás”, de ignorar el rumor público sobre supuestos actos de  corrupción en su gobierno,  ha logrado una reforma constitucional que le permite reelegirse consecutivamente a través de un pacto de impunidad con el presidente de su partido.

2.       El Presidente hizo alardes de un supuesto crecimiento económico, tipo China, y de haber sacado a 500 mil personas de la pobreza.  Sin embargo, un estudio de la Cepal presentado a finales de enero de este mismo año, ubicó a República Dominicana entre los países de la región con mayor pobreza e indigencia: La pobreza apenas habría bajado 0.5 entre 2012 y 2013 al pasar de 41.2%  a 40.7%. Las 500 mil personas sacadas de la pobreza de las que habla el Presidente equivalen al 5% de la población nacional, ese milagro debió producirse en 17 meses, y, sin embargo, no ha sido reconocido por los organismos multilaterales. Un día antes del discurso, el jefe de la División de Desarrollo Social de la Cepal, Simone Cecchini, dijo en el marco de un seminario organizado por la Vicepresidencia de la República que “la pobreza por ingresos ha disminuido” en el país. Muy oportuno el comentario. Mas eso no está ni ha estado en discusión: El PIB ha crecido sostenidamente a la par con la desigualdad, lo que entraña un grave problema de redistribución de los ingresos que Danilo Medina ha ignorado en sus tres años de gobierno.

3.       El Presidente desea seguir su proyecto de crear 100 mil empleos anuales, sin embargo, ¿cuáles son las industrias y las empresas que ha creado el Gobierno? Ninguna. Todo se basa en las visitas sorpresas, para –además de promover la figura presidencial- financiar la actividad productiva a través de la deuda pública que ronda  entre 25 y 30 mil millones de dólares y ha generado un déficit cuasi fiscal de más de 8 mil millones de dólares.  Pretende su Gobierno continuar este propósito de crear 100 mil supuestos empleos anuales, y dejar de lado que el 75% de la población económicamente activa (PEA) gana menos de 15 mil pesos mensuales y sin que se produzca un aumento satisfactorio del salario mínimo, cuando menos.

4.       El Presidente pretende desligarse de la iniciativa de enmienda constitucional, al alegar que él simplemente ha respondido al clamor popular. Sin embargo, él y su equipo, después del primer año de gobierno, han estado trabajando para la reelección, fue él que envió la enmienda constitucional al Congreso que justificó una necesidad de reforma inexistente, porque si él ha sido un buen presidente, quién puede predecir que el próximo no será igual o mejor mandatario que él, solo por mencionar un componente de la huidiza necesidad de reforma. Su objetivo es presentarse ante la población como un mesías sacrificado.

5.       El Presidente se refiere a la democracia, a la institucionalidad y el consenso que supuestamente primó en la aprobación de esta reforma, pero si hubiese sido democrática se habría hecho un referedum o consulta popular, se hubiesen tomado en cuenta las voces disidentes en la Asamblea Nacional, y si fuera institucional quizá no se produce, por ser contra natura reformar una Constitución que apenas cuenta con cinco años de ser aprobada y para beneficio de un Presidente en el Poder; y del consenso ni qué hablar, todos sabemos cómo se produce, y varios asambleístas lo denunciaron: la compra de votos, la corrupción de que los senadores y diputados sigan en sus curules sin someterse al escrutinio en 2016, la impunidad de los ocho años precedentes de gobiernos peledeístas.

6.       El Presidente, para justificar su daño a la institucionalidad y la democracia, se refiere a las constituciones de otros países que sí permiten una reelección consecutiva. Sin embargo, por qué el mandatario no hizo ese mismo ejercicio para determinar que en este país, como en ningún otro del mundo,  se reforma la Carta Magna con tanta fruición y frecuencia.

7.       El Presidente expresa que la reelección es vedada en países con instituciones débiles y que viven el trauma de la dictadura. ¿Y quiere Danilo Medina más dictadura que esta de partido único-dominante que está imponiendo el PLD desde 1996 y de la cual él pasó de cómplice a principal promotor?

8.       El Presidente arguye que “se equivocan también los que dicen que introducir la reelección es beneficiar al gobernante de turno”. Lastimosamente, creemos que el gobernante tiene que ser muy digno para no aprovecharse de su condición para reelegirse, y Danilo Medina  muestra poca dignidad, y pasa a formar parte de la lista de buitres que han asaltado el Estado.

9.       El Presidente, de forma cínica, presenta como fortalezas del país y contrapeso de la reelección, el equilibrio político. Equilibrio que él ha alterado al pactar con el PRD, la que siempre estuvo entre primera y segunda fuerza política desde 1963 a la fecha; y con el PRSC, el primero de los tres partidos del sistema que convirtió en minoritario y satélite a través de la compra de sus líderes y las consabidas canonjías.

10.   El Presidente alega que aún queda mucho para lograr la reelección, que pende sobre él la guillotina de la voluntad popular. En un país con institucionalidad, en el que esta reforma no hubiese tenido lugar, la reelección es una posibilidad 50/50 para el presidente de turno, pero en un país presidencialista como éste, la posibilidad es de 90/10, siendo conservadores. El único presidente que no logró la reelección consecutiva estando en el cargo fue Hipólito Mejía.

11.   El Presidente, después de decir que no envió la enmienda constitucional al Congreso por vanidad, unos párrafos más adelante confiesa que le conviene más aspirar a un segundo mandato ahora que en 2016. Admite, pues, que la modificación procura beneficiarle.

12.   El Presidente exhibe la estabilidad macroeconómica e inflacionaria, sin embargo, no ha podido bajar de precios los alimentos, ni siquiera los de primera necesidad, todo lo contrario, recordemos que para pagar por él, para comprarlo como Presidente, los dominicanos estamos otorgando a las arcas nacionales un 18% de Itebis casi generalizado.

13.   El Presidente, que prometió una reforma del sector eléctrico, junto a la educativa y la fiscal, en su discurso de este miércoles, le bajó de rango a la reforma, ahora es una “iniciativa”.  Menciona el Índice de Desarrollo, pero no se atreve a ponerle el apellido Humano, es decir, IDH, porque en esa materia es consciente de que, según datos de la ONU (2014), estamos en el lugar 102 de una lista de 187 países.


“El pueblo es sabio y siempre juzga con rigidez a quienes están conduciendo su destino”, le tomamos la palabra, Señor Presidente.