martes, 6 de febrero de 2007

Pertenencia del cuerpo

Al hombre el cuerpo le pertenece, a la mujer no. El Estado y la iglesia son los albaceas del cuerpo femenino, representantes históricos del patriarcado, dominio de un género sobre otro.

En la sociedad patriarcal y moralista no existe justificación al aborto, ni por incesto ni violación ni malformaciones de la criatura ni riesgo de muerte materna. La maternidad así, pasa de privilegio del género femenino sobre el masculino a martirio del primero.

El hombre, presente en todas las instituciones políticas, sociales y económicas, funge como guardian y testigo de ese sufrimiento femenino que debe ser la maternidad, tronchada o conclusa.

Desde el Estado (Poderes Ejecutivo, legislativo y judicial) y la iglesia, el hombre ejerce la ley para mantener el orden "divino", pero más que nada, el orden antropológico; en pocas palabras: "A Dios rogando y con el pene dando". Para ser más claros.

¿Dónde estarán el Estado y la iglesia cuando esos niños necesiten cuidados y recursos especiales, cuando comiencen a delinquir desde los 8 años? ¿Qué les ofrecerán? Quizá una hostia que no calma la humana hambre; 550 devaluados pesos por mes; la correccional y, por último, penas máximas de entre 30 y 40 años de cárcel.

Si acaso esto es lo que desea la elite conservadora dominicana, no así un buen puñado de mujeres que exige la formalización del derecho a sus cuerpos y la planificación de sus vidas.

Sí a la vida, pero con opción a decidir. En definitiva, son nuestros cuerpos.

2 comentarios:

Sheila dijo...

Hola Patricia. Por error publiqué mi comentario a este artículo en el espacio correspondiente al Tango del Amor. Sorry. Tráetelo para acá.

Anónimo dijo...

Muy certero este artículo, se debe reclamar la equidad en este punto. El derecho a decidir sobre el cuerpo es un derecho de quien tiene el cuerpo, más allá de argumentos metafísicos que afianzan el poder establecido que "ha decidido" legislar sobre el cuerpo de los individuos mujeres. Y si tanto nos preocupa, entonces hagámonos cargo de las consecuencias, es decir, ofrezcamos una mayor protección social a las mujeres y a los hijos que la autoridad patriarcal quiere que vengan al mundo sin importar la voluntad de las legítimas dueñas de sus propios cuerpos. Lo malo es que ni eso, ni eso....
JAGUAR