viernes, 14 de diciembre de 2018
Conversación entre Arturo Santana (Propagas) y Manuel Díez (Polyplas)
A.S.: … en los tribunales demostrarte que ese camión no es de Propagas. Entonces, lo que tú me estás haciendo es una maldad; si tú me haces eso, tú te vas a arrepentir ¿Okey? Ah, que no diga Propagas. Si tú pones Propagas me estás haciendo un daño irreparable, y no lo voy a permitir…
M.D.: Pero Don Arturo, yo lo que…
A.S.: Yo soy muy bueno, pero no voy a permitir que tú me
dañes el nombre que me ha costado sesenta años trabajar, desde pobre hasta
rico. Yo gastaría todo lo que tengo para que tú te arrepientas de esa vaina
¿Okey?
M.D.: ¿Don Arturo, pero por qué yo…
A.S.: El camión dice muy claro Nat Gas, y el tanque dice muy
claro Nat Gas, o sea, que tú me estás haciendo un daño de maldad. Llama al
periódico y para esa vaina porque yo no estoy dispuesto a aceptarlo.
M.D.: Don Arturo, pero yo todo eso se lo enseñé a su equipo…
A.S.: No importa, no importa, yo te… o sea, la compañía de seguro va a pagar como quiera PORQUE YO ESTOY ASEGURAO POR NAT GAS Y POR PROPAGAS, pero si tú pones Propagas en el periódico, que no ha salido en ningún lao’, me estás haciendo un daño de maldad y no lo voy a aceptar.
A.S.: No importa, no importa, yo te… o sea, la compañía de seguro va a pagar como quiera PORQUE YO ESTOY ASEGURAO POR NAT GAS Y POR PROPAGAS, pero si tú pones Propagas en el periódico, que no ha salido en ningún lao’, me estás haciendo un daño de maldad y no lo voy a aceptar.
M.D.: Pero por qué yo me tengo que arrepentir si el contrato
mío es con Propagas, yo no sé quién es Nat Gas.
A.S.: No importa. No importa. Yo te voy a demostrar en los
tribunales que tú no tienes razón, que
me estás haciendo un daño de maldad.
M.D.: Bueno, yo de verdad…
A.S.: A donde quiera que diga Propagas, tú pones Nat Gas.¿Okey?
M.D.: Pero todo eso se lo informamos a su gente, Don Arturo,
yo lo llamé, inclusive.
A.S.: Noooo. Me lo leyeron ahora. Y yo no voy a aceptar eso.
No voy a aceptar que el nombre de Propagas salga en ningún sitio, porque yo todas
las estaciones mías dicen Propagas, y tú lo que me estás haciendo es un daño pa’
que no vayan a mis estaciones, y yo no voy a aceptar eso. Me estás haciendo un
daño de maldad.
M.D.: Don Arturo, yo no ,estoy tratando de hacerle daño a nadie, yo fui inclusive a su gente, le enseñamos el comunicado hace ocho horas, lo hablamos, se lo dijimos, y ya eso está publicado, Don Arturo.
M.D.: Don Arturo, yo no ,estoy tratando de hacerle daño a nadie, yo fui inclusive a su gente, le enseñamos el comunicado hace ocho horas, lo hablamos, se lo dijimos, y ya eso está publicado, Don Arturo.
A.S.: No. Tú puedes pararlo, te conviene pararlo, te
conviene pararlo, porque si no lo paras, eso es cuestión que tú tocaste
tambores de guerra y nos va a salir mal a los dos, para esa vaina. Te lo
aconsejo, páralo. Donde quiera que diga Propagas, pon Nat Gas, y así quedamos
amigos y vamos a ir juntos a todo, pero si no haces eso, ya mañana mismo yo voy
a publicar que estamos en guerra y nos vamos a joder los dos.
M.D.: Don Arturo, mire, yo le pedí a raíz de que estoy
oyendo su conversación, le pedí a Estela, que estuvo en la reunión con su gente
hoy, que viniera aquí para que ella le explicara lo que nosotros hicimos en la
reunión. Explícale, Estela, por favor.
E.: Don Arturo, ¿Cómo está?...
A.S.: Mire, Estela, vamos a hablar clarooo, tú eres
publicitaria, si tú pones Propagas, tú me estás haciendo daño, un daño
irreparable, que me ha costado sesenta años levantar ese nombre y si tú haces
eso, estando un camión como Nat Gas, y el tanque como Nat Gas, me estás
haciendo daño de maldad.
E.: Don Arturo, Don Arturo…
A.S.: ¡Páralo ya! Te vas a arrepentir.
E.: Don Arturo, permítame hablar, porque le he
escuchado. Permítame hablar por favor,
yo quisiera que usted me escuche. Hemos hecho un gran esfuerzo, del lado
nuestro nos acercamos a usted, directamente Manuel, para decirle el interés de
hacer un comunicado conjunto, hemos estado trabajando fuertemente con los
técnicos, para llegar a un comunicado que pueda revelar la situación. Esta
mañana me comuniqué con Luis, con Gillermo, su abogado, tuvimos una reunión en
las oficinas, estuvo Jaime, su hijo, estuvo Guillermo, y ellos nos pidieron el
documento, se lo enviamos y nos pidieron tiempo para compartirlo con su aseguradora. Jaime, su hijo, expresó
que le gustaría que el nombre de Propagas se cambiara, a lo cual nuestra
abogada le respondió que nuestro contrato…
A.S.: Tu abogada no sabe…
E.: Permiso…
A. S: Sabe Don Manuel y yo que somos los que vamos a perder
dinero (casi llorando).
E.: Permiso…
A.S.: Vamos a perder dinero, vamos a estar cincuenta años
peleando, mi hija.
E.: Permítame, Don Arturo.
Yo lo respeto, le pido respeto, permítame hablar, Don Arturo, yo
entiendo cómo usted se siente, pero permítame hablar.
A.S.: No, no me digas más na’: Pleito, ya, tambores de
guerra.
martes, 4 de diciembre de 2018
El pacto de las migraciones de la ONU no es cuco, es una oportunidad
“Es crucial que los desafíos y las oportunidades de la
migración internacional sean algo que nos una, en lugar de dividirnos”, dice el
documento
República Dominicana ocupa la
mitad de una isla en el caribe que es origen, tránsito y destino de migraciones
desde antes de la llegada de los españoles en 1492. Por conflictos político-económicos,
raciales y culturales, siempre se ha
opuesto a la fusión con la vecina república de Haití y a la migración de sus
nacionales a suelo dominicano, lo último de manera formal, porque en la
práctica, la economía nacional se sostiene, en gran medida, gracias a la barata
mano de obra haitiana.
La Organización de las Naciones
Unidas (ONU), junto a los estados miembros, ha trabajado durante los últimos
años en la elaboración de un Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y
Regular. República Dominicana es parte de la ONU y ha trabajado en la
elaboración de ese pacto, el cual ha de ratificarse en los próximos días o ser
rechazado.
Una cantidad considerable de
personas e instituciones criollas, entre los que se destacan el Instituto
Duartiano, se han manifestados en oposición a la firma o ratificación del pacto
por parte del gobierno dominicano, alegando que éste es parte de un proyecto
fusionista que lleva décadas en la mentalidad nacional dominicana y no se
materializa.
Parecería que en República Dominicana
no residen más de 1 millón de haitianos (mal contados), la mayoría de manera
irregular.
Parecería que República
Dominicana ocupa la isla completa y que no es una isla que comparte el territorio
con la población que pretende repeler o que cuenta con una frontera física
efectiva.
Se olvidan los nacionalistas que
la presencia haitiana en el país es una realidad mayúscula y sin regulación,
que estamos realmente a expensas de la migración haitiana en las condiciones en
que se da ésta. Ignoran también que los y las haitianas no pagan los impuestos
que pagamos los dominicanos, y, sin embargo, reciben los mismos servicios de
salud, educación y transporte, entre otros. Pretenden esos buenos dominicanos darle poca importancia al
hecho de que la migración irregular es un negocio en la frontera
dominico-haitiana que lucra a sectores de los organismos de seguridad nacional.
Pero además, pretenden hacer caso
omiso a que ya el gobierno del presidente Danilo Medina dio pasos para la
regularización de los extranjeros en suelo dominicano con la puesta en vigor
del Plan Nacional de Regularización de Extranjeros, y eso sin presión de la ONU,
a motu proprio. Es decir, que ya estamos inmersos en el problema y en la
búsqueda de soluciones, pero asumiéndolo de manera individual, solo con
nuestros recursos técnicos y financieros.
¿Y qué tal si nos abrimos a la posibilidad
de que el problema migratorio haitiano lo abordemos de manera concertada entre
todos los países miembros de la ONU que firmen el pacto, y que esto nos permita
recibir ayuda técnica y financiera?
En primer lugar, el pacto no es
jurídicamente vinculante, es decir, que ni nuestra constitución ni la ley de
migración, ni ninguna otra legislación serían modificadas. Con esto, la
soberanía nacional, en lo que respecta al tema migratorio, queda salvaguardada.
Nos llamó la atención que este
pacto mundial de la ONU, de la misma forma en que promueve la migración segura,
ordenada y regular, tiene entre sus objetivos crear condiciones en los países
de origen que desincentiven a las personas a migrar, porque en realidad son las
pésimas condiciones políticas, económicas y sociales de los países de origen
las que empujan a las personas a migrar. Y lo saben dominicanos y haitianos porque lo han vivido en carne propia.
Es así como en su objetivo número
dos (2), dice lo siguiente: “minimizar los factores adversos y estructurales
que obligan a las personas a abandonar su país de origen”.
Pero no solo eso, en su objetivo cuatro (4), se compromete a
“velar porque todos los migrantes tengan pruebas de su identidad jurídica y
documentación adecuada”. Y esto es magnífico, porque el principal escoyo del
Plan Nacional de Regularización de Extranjeros ha sido que el gobierno haitiano documente a sus
ciudadanos.
En este sentido, la ratificación del tratado por parte de
República Dominicana, debe estar condicionado a que la República de Haití
también lo ratifique, pues la mayor carga migratoria que recibimos es del
pueblo haitiano, y es una migración que a la vez es provechosa, por todas los
nacionales haitianos que vienen a estudiar y trabajar a este lado de la isla,
también es perniciosa, porque algunos –los menos- se dedican a actividades
criminales, y no contamos con ningún tipo de mecanismo que nos permita
identificarlos para someterlos a la acción de la justicia o dar parte al país
de origen u otros países miembros de la Interpol.
El tráfico de personas en la frontera y las violaciones a
los derechos de los migrantes serían considerablemente reducidos, por no decir eliminados, y eso es
positivo para el país y el mundo. Además, el pacto tiene un enfoque de género,
por lo que aboga por la protección de las mujeres y las niñas migrantes, más
propensas a ser víctimas de la trata de personas, la esclavitud sexual y
laboral.
En lo que respecta a los servicios básicos que el Estado
dominicano estaría compelido a brindar a los migrantes haitianos (porque no nos
quejamos de los coreanos, chinos, japoneses ni venezolanos), ya se los estamos
brindando sin recibir a cambio ningún tipo de asistencia económica ni técnica. Los
haitianos utilizan nuestros servicios de transporte, acuden a nuestros centros de salud y mandan a
sus hijos a las escuelas, y en todos esos lugares/servicios son tratados como lo
que son: Seres humanos y ciudadanos del mundo. Y cada día podemos ver los esfuerzos que ellos hacen
para utilizar esos servicios públicos sin afectarnos, específicamente en lo que
respecta a la higiene personal.
De República Dominicana firmar el pacto, una de las formas
en las que se aplicarían los principios y objetivos del mismo, sería apoyando “a
otros Estados… incluso prestando asistencia financiera y técnica, en función de
las prioridades, políticas, planes de acción y estrategias nacionales, mediante
un enfoque pangubernamental y pansocial”.
Es decir, que no estaríamos afrontando el problema de la
migración haitiana de manera unilateral, como lo hemos estado haciendo hasta el
momento, porque como bien lo dice el mismo documento del pacto: “Ningún país
puede encarar los retos de este fenómeno mundial y aprovechar sus oportunidades
en solitario”.
¿Por qué este plan no es del agrado de los nacionalistas?
Entre otros aspectos, porque las detenciones de migrantes
sería un último recurso, es decir, ya “la camiona” no podría salir a recoger
haitianos por las calles para luego llevarlos a un centro de detención y negociar
con ellos su libertad. Y porque implicaría la inclusión política, económica y
social de estas comunidades de migrantes, es decir, que en determinado momento
de la historia nacional, nos veríamos conminados a aceptar a un diputado que
representa a los haitianos en el país, de la misma forma como los
estadunidenses, cubanos y judíos han tenido que aceptar la presencia de
dominicanos en las esferas de decisión de los Estados Unidos, porque LO QUE VA…
VIENE.
Nos parece que perderíamos más de
no ratificar el pacto que ratificándolo. De cualquier forma estamos condenados
a ser país receptor de la migración haitiana. Lo más estratégico de nuestra
parte sería identificar las oportunidades que este hecho histórico-social nos
brinda.
La autora es periodista y politóloga.
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viernes, 30 de noviembre de 2018
Culmina curso Feminismos: Historia, política y eticidad impartido por Teresa Díaz Canals

Díaz Canals es filósofa y socióloga y ha ocupado diferentes posiciones en universidades e instituciones cubanas
Santo Domingo.- Terminó este jueves con éxito el curso ‘Feminismos:
Historia, política y eticidad’, impartido por la socióloga cubana y doctora en
filosofía Teresa Díaz Canals en la Universidad APEC (Unapec), en el cual se
disertó sobre la evolución del feminismo desde su aparición -con la Revolución
Francesa- hasta la actualidad, así como su implicación con la historia (contada
por los hombres) la política y la ética.
La intelectual cubana, autora de
los libros ‘El momento del agua’ y ‘Papeles de civismo’, sostuvo que el feminismo camina de la mano con
la ética y lleva implícito una revolución cultural, además de que existe una
relación intrínseca entre feminismo y nación, es decir, que las feministas
deben mostrar interés por los problemas nacionales, en especial, los que
impactan la vida de la mujer.
“No es contra el hombre que
tenemos que luchar, sino contra el patriarcado”, sostuvo Díaz Canals el último
día del curso, que se impartió entre el martes 27 y el jueves 29 de noviembre
en el Salón de Audivisuales de Unapec, con la asistencia de mujeres y hombres de
diferentes instituciones de la sociedad civil que trabajan el tema de la mujer.
En el transcurso del curso, se
habló del papel que jugaron feministas como Simone de Beauvoir, Rosa de
Luxemburgo, Amelia Valcácel, Christine de Pizán, María Zambrano, Dulce María
Loinaz, Virginia Woolf, Camila Henríquez Ureña, Celia Amorós, entre otras.
Para la filósofa y catedrática
dominicana Lusitania Martínez, quien formó parte del público al que fue
dirigido el curso, el feminismo dominicano se encuentra en la etapa de la
premodernidad, aunque hace préstamos al feminismo postmoderno.
“Creo que existen tantos
feminismos, que conflictúan el movimiento, sin embargo, es necesario tomar de
cada uno de los tipos de feminismos lo mejor, sin ser eclécticos, porque es
preciso situarse en un paradigma, aunque se tomen préstamos de otros paradigmas”,
expuso Martínez en un momento en que tomó la palabra para responder a la
periodista Nexy de León.
El curso se realizó gracias a los
esfuerzos de la Fundación Padre Félix Valera (Cuba), de la Fundación Frederick
Herbert, el Centro de Género de Intec, el Instituto de Género y Familia de la UASD y la Tertulia Feminista Magaly Pineda que
dirige la feminista Yildalina Tatem Brache.
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domingo, 4 de noviembre de 2018
Pena máxima para los asesinos de Emely y su criatura
La dominicana, es una sociedad acostumbrada a los abusos contra los infantes, en especial contra las niñas. Un embarazo, un matrimonio en la preadolescencia o adolescencia, pasa como algo normal en los cinturones de miseria de las urbes y en las zonas rurales. Mientras que las violaciones sexuales a niños y niñas atiborran las noticias diarias que consumimos aturdidos. Queda mucho trabajo por hacer en materia de protección de los derechos de los niños y niñas de este país.
Sin embargo, a lo que no está acostumbrada esta sociedad es a la barbarie, al salvajismo, al odio visceral contra los niños y niñas. Y el asesinato de Emely Peguero y de su criatura de 20 semanas de gestación fue un acto de barbarie que quedará registrado en la psiquis social dominicana para siempre. Emely y su hijo fueron víctimas de un crimen de odio, odio por proceder ella de una familia humilde.
A Emely se le sometió a maltratos psicológicos y físicos que culminaron con su vida en un muy breve lapso de tiempo. Fue conducida a una muerte dolorosa y rápida, por ende salvaje, cuyo móvil era extirpar de su vientre el hijo y nieto de sus asesinos. De haber sus asesinos logrado el propósito de practicarle un aborto, las consecuencias para la salud -física y psíquica- de la menor no desaparecerían, y no volvería jamás a concebir un hijo. Quedaría muerta en vida, por muchos años o por el resto de su vida.
No justifico su muerte, sino que procuro resaltar el grave daño recibido en su cuerpo y espíritu, el cual, aún pudiendo preservar la vida, marcarían todo su existir como ser humana y mujer.
Sus asesinos albergaban tanto odio contra la criatura que se negaba a desprenderse de su vientre, que ante el intento de aborto frustrado la golpearon en la cabeza, para que muerta la madre muriera el hijo y librarse de ambos.
Esa fue una acción cometida por más de dos personas, nunca por una, y menos otro joven inexperto. Sin embargo, como dicen en el argot popular: "Entre bomberos no se pisan la manguera". Del expediente fueron sacados nombres de personal médico y paramédico. Solo imagine que habiendo ocurrido todo en una cama, no una camilla ginecológica, debían haber personas sujetando las piernas de Emily para que otra persona, preferiblemente un/a ginecobstetra, pudiera manipular las pinzas dentro de su útero.
Emely no quería abortar, y muestra de ello fueron todos esos cortes en el útero que le provocaron una hemorragia significativa.
Después de este acto de salvajismo fuera de toda lógica humana y legalidad, sus asesinos aparecieron ante las cámaras pidiendo a Emely Peguero que regresara, que todos estaban sufriendo por su desaparición, a lágrimas vivas.
El cuerpo de Emely, aún con restos de su crío dentro, deambuló por días entre maleteros de vehículos, finca de chulos y solares baldíos, hasta que al fin, se comprobó lo que se sospechaba, que había sido víctima mortal de Marlin y Marlon Martínez, de la familia Monster.
No conformes con todo este rosario de sadismo y perversidades, la madre y el hijo asesinos han tratado de montar abominables argumentos de defensa como es el de homicidio involuntario, como si el aborto es legal en este país y Marlon (única persona que hasta el momento se hace semi responsable del asesinato) tiene título y exequatur que le avalan para practicar un aborto,
Y como bien lo explicó el abogado acusador, José Hoepelman, a Marlin Martínez no se le puede considerar una simple cómplice, porque ella está en la génesis, la preparación, la consecución y el final de este horrendo feminicidio-infanticidio, que ha hecho tambalear la connivencia de la sociedad dominicana con la violencia sexual y de toda índole hacia las niñas.
Esperamos una condena justa y ejemplar.
Justa para Emily y su criatura y ejemplar para toda la sociedad dominicana, pero en especial para ese sector social que se cree por encima del bien y del mal, como se creyó Marlin Martínez.
Estaremos vigilantes, como estuvimos con el caso del niño José Rafael Llenas Aybar para que además de una condena consecuente con el crimen, ésta sea cumplida hasta el último día.
#JusticiaParaEmelyPeguero
Sin embargo, a lo que no está acostumbrada esta sociedad es a la barbarie, al salvajismo, al odio visceral contra los niños y niñas. Y el asesinato de Emely Peguero y de su criatura de 20 semanas de gestación fue un acto de barbarie que quedará registrado en la psiquis social dominicana para siempre. Emely y su hijo fueron víctimas de un crimen de odio, odio por proceder ella de una familia humilde.
A Emely se le sometió a maltratos psicológicos y físicos que culminaron con su vida en un muy breve lapso de tiempo. Fue conducida a una muerte dolorosa y rápida, por ende salvaje, cuyo móvil era extirpar de su vientre el hijo y nieto de sus asesinos. De haber sus asesinos logrado el propósito de practicarle un aborto, las consecuencias para la salud -física y psíquica- de la menor no desaparecerían, y no volvería jamás a concebir un hijo. Quedaría muerta en vida, por muchos años o por el resto de su vida.
No justifico su muerte, sino que procuro resaltar el grave daño recibido en su cuerpo y espíritu, el cual, aún pudiendo preservar la vida, marcarían todo su existir como ser humana y mujer.
Sus asesinos albergaban tanto odio contra la criatura que se negaba a desprenderse de su vientre, que ante el intento de aborto frustrado la golpearon en la cabeza, para que muerta la madre muriera el hijo y librarse de ambos.
Esa fue una acción cometida por más de dos personas, nunca por una, y menos otro joven inexperto. Sin embargo, como dicen en el argot popular: "Entre bomberos no se pisan la manguera". Del expediente fueron sacados nombres de personal médico y paramédico. Solo imagine que habiendo ocurrido todo en una cama, no una camilla ginecológica, debían haber personas sujetando las piernas de Emily para que otra persona, preferiblemente un/a ginecobstetra, pudiera manipular las pinzas dentro de su útero.
Emely no quería abortar, y muestra de ello fueron todos esos cortes en el útero que le provocaron una hemorragia significativa.
Después de este acto de salvajismo fuera de toda lógica humana y legalidad, sus asesinos aparecieron ante las cámaras pidiendo a Emely Peguero que regresara, que todos estaban sufriendo por su desaparición, a lágrimas vivas.
El cuerpo de Emely, aún con restos de su crío dentro, deambuló por días entre maleteros de vehículos, finca de chulos y solares baldíos, hasta que al fin, se comprobó lo que se sospechaba, que había sido víctima mortal de Marlin y Marlon Martínez, de la familia Monster.
No conformes con todo este rosario de sadismo y perversidades, la madre y el hijo asesinos han tratado de montar abominables argumentos de defensa como es el de homicidio involuntario, como si el aborto es legal en este país y Marlon (única persona que hasta el momento se hace semi responsable del asesinato) tiene título y exequatur que le avalan para practicar un aborto,
Y como bien lo explicó el abogado acusador, José Hoepelman, a Marlin Martínez no se le puede considerar una simple cómplice, porque ella está en la génesis, la preparación, la consecución y el final de este horrendo feminicidio-infanticidio, que ha hecho tambalear la connivencia de la sociedad dominicana con la violencia sexual y de toda índole hacia las niñas.
Esperamos una condena justa y ejemplar.
Justa para Emily y su criatura y ejemplar para toda la sociedad dominicana, pero en especial para ese sector social que se cree por encima del bien y del mal, como se creyó Marlin Martínez.
Estaremos vigilantes, como estuvimos con el caso del niño José Rafael Llenas Aybar para que además de una condena consecuente con el crimen, ésta sea cumplida hasta el último día.
#JusticiaParaEmelyPeguero
domingo, 7 de octubre de 2018
Víctima y victimario atípicos
Sé que no soy fácil de manejar por el sistema: No llegué
hasta 8vo curso, no me gusta el reggaetón, y no busco una pareja para que me de
un plato de comida y me pague el salón los fines de semana.
Sé que me sé los términos legales y conozco algo de derecho,
aunque sea periodista, y eso molesta desde abogados, pasando por fiscales,
hasta jueces.
Sé que molesto a las secretarias del sistema, porque cuando
siento mis derechos vulnerados, les pregunto sus nombres para anotarlos. Y
creyendo que con esto ejerzo mi derecho ciudadano a estar informada de quién me
ofrece el servicio deficiente, provoco que me traten peor. Ya aprendí que a los/las empleados/as del sistema les gustan los/las usuarios/as que imploran, que piden, que suplican,
que casi lloran solicitando que los dejen ver al fiscal.
Sé que tengo ideas y opiniones propias y que me gané que una
psicoterapeuta que debía detectar si había sido víctima de violencia, me echara
de la consulta por decir que la directora del PACAM no es feminista, según mi
criterio. Sí, en lugar de ayudarme, me dió una patada por el c...
Sé que mi verdugo nunca me ha golpeado, y que al sistema le
encanta la sangre: Los moretones en los ojos, las suturas en la cabeza, los dientes y costillas
rotas, y hasta los feminicidios. Todo esto justifica la necesidad de aumentar
los presupuestos a las instituciones encargadas de proteger a la mujer.
Sé que mientras la mayoría resuelve sus problemas de familia
de manera íntima, porque “esas cosas no se hacen públicas” o "los trapos sucios se lavan en casa"; yo las ventilo, las
saco a tomar el sol, porque en lo privado siempre ha estado el peligro para la
mujer. Sería capaz hasta de sacarme una teta delante de un juez si con ello le
muestro el golpe recibido “debajo del ala”, como le dicen ellos a esos golpes
no visibles, los que las mujeres, por temor a mostrar su intimidad, prefieren
ocultar.
También sé que él no es un victimario común. Él nunca me ha
golpeado, como les dije. Pero ojalá lo hubiese hecho, ya de ese dolor hubiese
sanado, y él estuviera cogiendo moho en una cárcel.
Sé que es calculador, frío, perverso, que le gusta darme por
donde más me duele: Mis hijas.
Sé que no es un arrastrado de Los Guandules o La Ciénaga,
sin influencias, no.
Él conoce personas, se codea con decisores públicos o allegados a éstos. Logra
viciar los procesos.
Sé que da una imagen de hombre correcto, viste de forma
correcta y se comporta de forma correcta, aunque en el fondo sea una alimaña
que no vale ni el esfuerzo de pisarla.
Sé que es difícil no creerle, más para sus amigos/as, que lo
tienen en un buen sitial, donde mi familia y yo lo teníamos hasta conocer sus
bajos instintos, mentiras y manipulaciones.
Sé que cuando nos enfrentamos es como si dos huracanes categoría
4 chocaran, que no hay fiscal que nos soporte juntos, porque luchamos al más
alto nivel y sin piedad.
Sé que se me hará difícil librarme de este lastre del
pasado, de este odio que me persigue y me envuelve cada cierto tiempo, en especial por haber defendido a mis hijas. No soportan que les haya quitado las caretas en público, y no agradecen ni agradecerán la libertad de la que disfrutan hoy. Mas no
hay mal que dure cien años… y mi cuerpo los resistirá.
Entiendo perfectamente lo confuso que cualquier autoridad o
persona se pueda sentir frente a este conflicto. Soy consciente.
martes, 25 de septiembre de 2018
El pueblo es el paisaje
El pueblo es el paisaje, la base de la superestructura, los
votantes de los partidos políticos.
El pueblo es el paisaje, la masa de choque de los
sindicalistas oportunistas.
El pueblo es el paisaje, el relleno, de la dirección de Marcha
Verde.
El pueblo no tiene dolientes.
Mientras tanto, la gasolina regular cuesta 230 pesos, la
premium 240 pesos, el gasoil regular 193
pesos, gasoil premium 205 pesos y el GLP 128 pesos.
En buen merengue: “Esto no lo aguanta nadie”.
jueves, 5 de julio de 2018
Adiosa
“A veces la ilusión de un capullo de amor
que yo sé malograr antes que se haga flor”.
Alfonsina Storni
que yo sé malograr antes que se haga flor”.
Alfonsina Storni
Cuando él la conoció en la Feria
de las Flores, de inmediato la bautizó como la Diosa. Sobre un altar adornado
con flores y coloridas guirnaldas con olor a viní-viní, la veneró hasta la
demencia; acuñó como moneda antigua cada movimiento de sus glúteos al caminar,
cada gesto de indiferencia ante la vida, cada palabra suave pero penetrante,
cada suspiro apesadumbrado en las tardes de sopor sobre las sábanas blancas de
la pequeña habitación que ella rentaba en la barriada de San Carlos. Ella
creyó, una vez más creyó, y se dejó amar con vehemencia. Hasta el día en que,
sin explicaciones, su loco amor se esfumó. Y ella comprendió que, más que una
diosa, era una eterna adiosa acostumbrada a partir o a esperar, al
desencuentro.
Patricia Báez Martínez
viernes, 29 de junio de 2018
En los cuentos de Patricia mandan las mujeres
Por
Virtudes Álvarez
Las cosas se parecen a
su dueño, decía con frecuencia Leonor Valera Guillen, mi madre. Burbujas
en el tiempo, el libro que Patricia Báez entrega hoy a la ciudad de Santo
Domingo, se parece a ella.
¡Y qué bueno! Me alegra
mucho porque en estos tiempos de “vida liquida” la autora nos haga una entrega
literaria en la que reafirma la esencia de su ser. Se respira su identidad
y sentido de pertenencia a una realidad geográfica y social. No haré un análisis literario de Burbujas
en el tiempo, porque sería un irrespeto a quienes saben del tema. Además,
dicen que es peligroso entrar en terreno
desconocido!
Gracias amiga por el
privilegio de comentar tu nuevo parto. Tus cuentos están escritos para ser
leídos de un tirón. Fue mi caso. Me sentía como pez en el agua, porque es un
libro muy emocional, al tiempo que desafiante.
Desde el inicio la
autora nos invita a romper el miedo; a atrevernos a ir por lo nuevo; por lo
leído y no vivido. Este primer libro
de cuentos de Patricia Báez es casi un
manifiesto a la rebeldía y la acción por un mundo mejor.
Si fuera docente de
cualquier asignatura de ciencias sociales, Burbujas en el tiempo sería
un texto de referencia ya que facilita el análisis sobre la realidad social
desde el genero Cuento, el abordaje de la
migración, el feminicidio, las dimensiones biológica y social de la maternidad
y la paternidad, el androcentrismo, la mortalidad materna, la prostitución, el
adulterio, los encantos del barrio y la cotidianidad de los colmadones
incluyendo sus insoportables ruidos, los conflictos intergeneracionales, entre
otros.
Querida Patricia, es
imposible permanecer indiferente ante tu estilo, porque tus cuentos saben a
pueblo. En ellos, es imperceptible la linea que separa la ficción de la
realidad que denuncias, los derechos que reivindicas, y por supuesto, el protagonismo de tus
personajes mujeres.
Y
es que en estos cuentos, mandan las mujeres!
En cada historia
contada queda claro el espíritu de
independencia y criterios propios de sus
personajes mujeres. Por ejemplo, la
decisión de Vianela (P. 25),
cuando rompe las relaciones conyugales con Tomas y le dice en un papelito:
Me voi pa Venesuela, me
cansé de pasá trabajo aquí. Lla no te quiero y tu te merece una mujer que te
quiera. Igual firmeza demostró Adelayda cuando por maltrato,
abandonó a Narciso Mateo.
Salvo honrosas
excepciones las mujeres -siempre- somos las acompañantes en emergencias de
salud con familiares y en el vecindario.
La solidaridad clásica como construcción cultural en las mujeres, Patricia la recoge en Titina
( P. 19) que acompaña a Fe, su hermana al llegar la hora del
malogrado parto.
Patricia Báez, mujer de armas a tomar,
lleva a la literatura sus convicciones feministas elevando las mismas hasta los
conflictos intergeneracionales entre Erika y su madre ( P. 55) por la
decisión de la primera de asumir la maternidad libre y como derecho; o el papel de Daniel: el vacilante, orgulloso,
cobarde e incapaz de demostrar amor...el mismo
que llega tarde a intentar recuperar el amor de Adríana Dávalo, mujer
con pensamiento claro y autonomía de juicios, que había dispuesto ya punto final
a todo. Incluyendo a su vida(P. 47).
La condena al
matrimonio infantil tiene su espacio en Burbujas del tiempo. Lo
representa Tina (la niña –
esposa- madre) que parió a los 13 años- pero que se le plantó a Juan Manuel su marido cuando éste dijo que hijo recién nacido el 31 de mayo
del 1961 se llamaría Rafael Leonidas.
Pues mire que no, porque yo no me
acosté con El Jefe, fue con usted.
Replicó
categóricamente aquella madre-esposa-niña, que solo alcanzaba los 13 años de
vida.
En una circunstancias
sociales como la dominicana en la que el mercado banaliza todo y en muchas y
muchos amantes de las letras falta compromiso para el cambio social, Patricia logra que sus cuentos sean un
refrente crítico a la realidad nacional al tiempo que rescata tradiciones y
valores propios de la dominicanidad, como el amor al trabajo, la alegría y
hasta las lágrimas de hombres, prohibidas en una cultura patriarcal que niega
el derecho a la libre manifestación de las emociones.
Para finalizar, un
juicio muy interesado: parecería que la autora escribe un artículo sobre la
actualidad política nacional, cuando en el cuento El Muertico, (P. 31) referido al tren que unía a las
provincias La Vega y Sánchez, sobre el presidente Lilis dice que el pueblo
no juzga a sus gobernantes por lo que les da, sino por lo que les deja de dar.
Muchas gracias.
Santo Domingo, D. N. República Dominicana. 28 de
junio, 2018.
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Virtudes Alvarez
sábado, 23 de junio de 2018
Prólogo de 'Burbujas en el tiempo'
Este libro contiene un paseo por la geografía emocional de la
República Dominicana. Su autora, Patricia Báez Martínez, recurre a sus vínculos
entrañables con las localidades donde ha
vivido para referir hechos capturados durante su infancia y primera
juventud y que se agitaban en su conciencia buscando una salida. Cuenta sus
historias como ficción, pero dice que
han partido de hechos reales.
Ha querido ser sincera, más trasparente
de lo que se le puede requerir a un cuentista. Al autor de cuentos
nada lo obliga a revelar la veracidad de sus historias, nada le impide atrapar lo que ocurre a su alrededor para
referirlo como ficción y transformarlo
en obra de arte. Sobre todo si el hecho
narrado entraña rareza, ingrediente básico en la obra literaria.
Siempre habrá que repetir que en el cuento realidad y ficción se abrazan como entes
análogos, de origen común. Ocurre en matemática con la ley de la suma: solo se
suman elementos afines u homogéneos. El círculo incluye el dicho del novelista Gustavo
Flaubert: “La forma sale del fondo como el calor del fuego”.
Sorprende y agrada que una
escritora de este tiempo narre cuentos
ambientados en el campo sin recurrir a lo que los críticos han
llamado “ruralismo”.
“Juancho del Orbe era un joven
campesino próspero, acostumbrado a esperar los primeros rayos del sol en la
enramada que le servía de cocina, atado a su jarro esmaltado, sorbiendo el
retinto café” (pág. 19).
A menudo la temática rural ha
sido menospreciada por escritores contemporáneos, que dan por superada esta
tendencia, como si la vida del campo se
hubiese extinguido, como si nada allí ocurriere: ni amores ni dolores ni ambiciones ni pasiones.
Patricia Báez Martínez narra los hechos y los interpreta y así deja filtrar reflexiones sobre el
devenir social: amores frustrados, relaciones forzosas, injusticias y desigualdades y la persistente preocupación
por la problemática femenina. Se refiere al dolor, el amor, el desamor…la vida
humana. “Era un dolor viejo y maceraba hasta no sentirlo, hasta ser una
cicatriz reseca e indolora” (pág. 22).
La autora de este libro –qué bueno– da muestra apreciable de respeto por nuestro idioma y revela inclinación por el bien decir, por el uso de la lengua, no solo para
comunicar, sino también para provocar emociones y halagar el buen gusto.
Cuando se leen estas historias se percibe el rozamiento de las ruedas
del tren de Sánchez mientras se desplazan sobre los rieles. Las referencias a
este medio de transporte, que bien funcionó en la primera mitad del siglo
veinte, son parte de las obsesiones de Patricia Báez Martínez, y a la vez
expresiones de los recuerdos acumulados
durante la niñez de uno de sus personajes. “No había escuela sin tren, pues los
casi diez kilómetros de distancia entre la casa y la escuela obligaban a cruzar
las vías, ya sea desiertas o ya con la
mole de hierro encima” (pág. 31).
Patricia ha encontrado en el cuento
vía adecuada para expresar
sus ideas sobre la relación hombre–mujer o ideas políticas liberales. Pese a la brevedad
del volumen, es recurrente, como eje aglutinador, la relación hombre–mujer. De ahí derivan los matrimonios
o concubinatos de mujeres con hombres de
mayor edad y mentalidad esclavista, vínculos maritales fundados sobre la desigualdad, pues hay una
dependencia económica de la mujer, conminada a convivir con un sujeto a quien
no ama. Por eso aparecen también las historias de mujeres que se marchan, que
ocultan su equipaje lleno de frustraciones hasta el último instante a
escondidas del compañero que funge mejor de verdugo que de marido.
“Y allí, sentado en el comedor, se quedó Narciso Mateo, perplejo: con
su casa, sus muebles, su vieja jeepeta en la marquesina, decena de botellas de
whisky y cerveza vacías debajo del fregadero y en el patio…” (pág. 67).
La autora ha salido airosa del primer desafío como cuentista: disponer
de hechos dignos de ser contados, que
merezcan la atención de los otros. Se narran acontecimientos nuevos, nuevos
aunque no sean recién ocurridos, sino nuevos para el oído o la vista del
receptor.
Las acciones cotidianas tienen un lado de rareza y novedad. Nuestra
autora ha probado saber encontrar esa faz novedosa de los hechos. Ha
encontrado sus tramas y personajes, sobre todo en las pasiones y manías
humanas: celos, amor, odio, envidia, miedo, codicia, concupiscencia. Toda
inclinación patológica hacia una actividad, por cosas materiales o por cuestiones ideológicas puede provocar
en el individuo acciones fuera de lo
común y por tanto, dignas de ser contadas.
Es lo que ha hecho Patricia Báez Martínez en Burbujas en el tiempo, una
valiosa forma de iniciar la carrera literaria. Los invito a leer este libro,
una auténtica incursión en la dominicanidad.
Rafael Peralta Romero
Diciembre de 2017
Miembro de Número de la Academia Dominicana de la Lengua
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Periodista Patricia Báez Martínez pone a circular libro de cuentos
La obra está disponible en Cuesta Centro
del Libro, en Santo Domingo; en la librería Mamey, en la Ciudad Colonial; y en
el Centro Cultural Perelló, en el municipio de Baní
Baní, prov. Peravia.- Con la asistencia de un selecto grupo de
personalidades de la comunidad banileja, la periodista y politóloga Patricia
Báez Martínez puso a circular su primera obra literaria: El libro de cuentos
‘Burbujas en el tiempo’, prologado por el académico y escritor Rafael Peralta
Romero, miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua (ADL).
“La escritora ha salido airosa
del primer desafío como cuentista: disponer de hechos dignos de ser contados,
que merezcan la atención de los otros. Se narran acontecimientos nuevos para el
oído y la vista del receptor.
Las acciones cotidianas tienen un
lado de rareza y novedad. Nuestra autora ha probado saber encontrar esa faz
novedosa de los hechos”, expone Peralta Romero en dos de los párrafos del
prólogo.
La actividad se realizó este
jueves en la mediateca Héctor Colombino Perelló del Centro Cultural Perelló
(CCP) en Escondido, Baní, con la
presencia de la directora de la institución, lic. Julia Castillo Mejía, y con
la lectura del prólogo a cargo del encargado de Programas Educativos del centro,
Enmanuel Díaz Santiago.
“Estos cuentos, estos relatos de
Patricia Báez, me han transportado a esos escenarios que ella describe y me han
dado la idea de tomar algunos cuentos para realizar cortos de cine con esas
temáticas, que son temáticas que describen nuestra sociedad banileja, y
nosotros ya estamos precisamente trabajando en la producción de cortos”,
propuso la directora del centro tras la lectura de uno de los cuentos por la
autora.
La novel escritora le respondió a
Castillo Mejía estar en la disposición de hacer del cuento ‘Señor, déjela
pasar’, un corto de cine y colaborar en su producción, dado que narra la vida
de un obrero de una fábrica de café del municipio de Baní que fue abandonado
por su pareja, al ésta emigrar a Venezuela para trabajar en un bar, regresando
una década después para morir en la paz del hogar que la vio nacer y crecer.
A la actividad asistieron las
juezas Norma Bautista de Castillo y Josefina Bernabel de Arias, además del
dirigente político Guillermo Castillo, su hijo Guillermo Castillo Bautista, y el
abogado Efraín Arias Valdez; también la directora provincial de Cultura, Mirtha
Pimentel, el cardiólogo y ex candidato a alcalde, Arismendy Valdez; familiares
y otros amigos de la escritora.
jueves, 21 de junio de 2018
La “ética” del delincuente
Por Patricia Báez Martínez
Fue a mediados del mes de abril cuando cuatro asaltantes intentaron despojar de su escopeta a un miembro de la Policía Municipal de Baní que prestaba servicio en la residencia del alcade Chacho Landestoy en la comunidad de Villa Sombrero. En la acción, uno de los asaltantes fue capturado por un grupo de personas de la comunidad que lo linchó. Esta acción colectiva, contraria al derecho humano a la vida consagrado en convenios internacionales, nacionales y la Constitución dominicana, provocó la indignación de juristas y comunicadores del municipio de Baní.
Fue a mediados del mes de abril cuando cuatro asaltantes intentaron despojar de su escopeta a un miembro de la Policía Municipal de Baní que prestaba servicio en la residencia del alcade Chacho Landestoy en la comunidad de Villa Sombrero. En la acción, uno de los asaltantes fue capturado por un grupo de personas de la comunidad que lo linchó. Esta acción colectiva, contraria al derecho humano a la vida consagrado en convenios internacionales, nacionales y la Constitución dominicana, provocó la indignación de juristas y comunicadores del municipio de Baní.
El abogado Efraín Arias Valdez y el comunicador Alfredo
Cabrera Moscat, se convirtieron -por defecto- en los defensores del asaltante
muerto en la acción delictiva del atraco, al defender su derecho a la
integridad física y la vida. La defensa abarcó medios de comunicación y redes
sociales, y ataques a quienes defendemos el derecho de las personas a estudiar,
trabajar y vivir una vida segura.
En esa ocasión sosteníamos, que el que sale a robar/atracar
está dispuesto a todo, porque si en el robo o asalto su vida corre peligro, la
defenderá aún segando la vida a otra persona: La alegada defensa propia, que
en el caso de una persona que está en una propiedad privada sustrayendo o
atracando, no tiene validez, sin embargo, el hecho de que
jurídicamente no pueda alegar defensa propia a su favor, esto tampoco restituye la vida
al ciudadano o ciudadana muerto/a en la acción delictiva.
Apenas dos meses después, a mediados de junio, otro joven se
propone cometer un delito y lo logra: Robar en una joyería de la calle El Conde,
en la Ciudad Colonial de Santo Domingo. En el hecho, de paso, se lleva entre sus garras la vida de una joven mujer que trabajaba allí, que salió de su casa a trabajar y no a
buscársela a como dé lugar. Degollado quedó su cuerpo exánime en el mismo lugar de
trabajo en el que, se supone, debía estar segura.
Luego, una foto del ladrón-asesino circula en las redes
sociales haciendo alarde del dinero sustraído al comprar varios pares de
zapatos a la vez. Y una se pregunta si por unos seis pares de zapatos, que en
dos años ya no existirá ninguno, una joven mujer trabajadora merece perder la
vida en su propio lugar de trabajo, ante la mirada perpleja de una sociedad que
de manera parcial defiende a ultranza los derechos humanos de quienes no
respetan el derecho humano a la vida de aquellos que estudiamos y trabajamos, es
decir, de los entes realmente productivos de la sociedad.
¿Cuál es la ética de quién sale a robar/atracar? ¿Cómo
podemos saber nosotros y nosotras si el ladrón/atracador tiene algún tipo de
escrúpulos? ¿Cómo determinar su límite en un momento de inseguridad y tensión?
¿Cómo predecir si el ladrón solo es ladrón y no violador? ¿Cómo saber si el
asaltante solo es un simple ladrón o es, además, un potencial asesino?
No existe forma de saberlo. En rededor de los instintos y
acciones delincuenciales solo existe incertidumbre.
En mi trabajo como reportera independiente, tuve la oportunidad de entrevistar a un delincuente de la calle 5 del barrio Pueblo Nuevo, en Baní. Vívido está el recuerdo cuando en cuclillas ambos en un recodo de la calle, sin grabadora y atentos a que la Policía o la DNCD entrara a la barriada, me dijo: "Yo hago de todo, menos violar". Me extrañó ese prurito en un delincuente confeso que hacía pocos días había salido de la cárcel por enésima vez, y le pregunté ¿Por qué? "Porque yo tengo mai' y hermanas, y lo que yo no quiero que me hagan, yo no lo hago". Pero solo en ese punto tiene ética en la acción delictiva que ejerce: La integridad de las mujeres de su entorno.
Yo le creí a ese delincuente, le creo capaz de no violar, no porque no quiera, sino para que ese daño no se revierta un día contra las mujeres de su familia. Ahora, para saberlo yo tuve que buscar al delincuente, presentarme y convencerlo de que tuviera una conversación conmigo (nada fácil) y aceptar tener una entrevista en condiciones fuera de lo normal en mi carrera: Sin grabadora, al aire libre, en cuclillas ante una casa, y en breve tiempo.
¿Tenemos los ciudadanos la oportunidad de dialogar con un delincuente que nos aborda para tener una idea de sus "principios" como delincuente? No.
Vale decir que respeto el derecho a la vida, siempre que no
vaya contra la vida de la madre y el respeto a la dignidad de la mujer (respaldo el aborto por tres causales), como también respeto el derecho a la preservación de los bienes y la integridad física y emocional de
los ciudadanos y ciudadanas que desde la infancia estamos trabajando para
superarnos y ser entes productivos y de cambio positivo en la sociedad.
Por eso hoy, con mucho más razón, después del feminicidio no íntimo de la calle El Conde, sostengo que el que salió a la calle a delinquir lanzó al aire una moneda: Cara o cruz/éxito o desgracia.
La autora es periodista y politóloga.
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viernes, 1 de junio de 2018
Ramfis es solo eso: ráfagas
Por
Patricia Báez Martínez
Desde que el hijo de
Angelita Trujillo y nieto de Rafael Leonidas Trujillo anunció su intención de
ser presidente de la República Dominicana se ha generado un debate
socio-político en torno a su figura que perdura por meses y se mantiene latente
a solo dos años de las elecciones del 2020. En este tenor, el escarceo
antitrujillista ha recrudecido a la par de supuestas encuestas que lo dan como
posible ganador en la próxima contienda electoral, en la que el presidente Medina
está impedido de participar por razones constitucionales y de lógica política.
Sin embargo, Ramfis Domínguez
Trujillo no debería ser tema de preocupación y discusión, porque aun excluyendo
del debate el tema de la nacionalidad y el pasado ominoso de su familia -la
cual sometió por treinta años a la sociedad dominicana a la más férrea
dictadura de América Latina-, el hijo de Angelita no tiene condiciones para ser presidente en esta media isla. Las
razones son tres:
1)
El
recuerdo aun vívido de la dictadura. Aunque han pasado 57
desde la caída de la dictadura, para muchos “parece que fue ayer”, como dice la
canción interpretada por el mexicano Vicente
Fernández. Muchos de los perseguidos, encarcelados y torturados viven aún y
rechazan cualquier propuesta política enmarcada en la memoria y el legado de la
dictadura trujillista. Amén de que las generaciones que no vivimos la
dictadura, hemos recibido de nuestros padres, madres, abuelos, abuelas, tíos y
tías toda la información necesaria para tener un concepto bien formado sobre la
dictadura, el cual nos impide abrazar o permitir una propuesta herencia de
ésta. Si salir de Trujillo le costó a República Dominicana treinta largos años
de lágrimas y sangre, y el exterminio de los valientes conjurados de la noche
del 30 de mayo, no es verdad que la mayoría dominicana se arriesgará a una
propuesta de esta naturaleza.
2)
La
escasa o nula dote político-intelectual del aspirante.
¿Cuál es la carrera profesional de Ramfis Domínguez Trujillo? ¿Tiene una hoja
de trabajo que mostrar? ¿Qué hacía antes de ocurrírsele la oportunista idea de venir
a aspirar a ser Presidente de lo que él cree aun la finca de su abuelo? Ramfis Domínguez
Trujillo no tiene nada qué mostrar ni ofrecer que no sea la sangrienta y latrocina
historia de sus ancestros. Este señor es un personaje que se dedicó a vivir de
la fortuna que sus familiares extrajeron de esta República cuando fueron
sacados a la fuerza y que, viendo la debilidad institucional y democrática en
el país, haya oportuno el escenario para lanzar el anzuelo y tratar de pescar
en río revuelto, primero pasando una factura a Quique Antún (a la sazón
administrador del BNV) por 5 millones de dólares, o sea, un acto de corrupción
actual por parte de la familia del exdictador. Pero fuera de ahí, no tiene
absolutamente nada qué ofrecer, que no sea robar, linchar a haitianos y, si nos
descuidamos, a dominicanos también. Porque a raíz de su salida a la palestra
pública hemos observado que son muchos los trujillistas en la media isla, y
como no hay perro sin pulgas, así como hay trujillistas, deben estar camuflados
en la multitud algunos Johnny Abbes.
3)
Falta
de apoyo de sectores determinantes. No nos llamemos a
engaño, en este país no hay elecciones, sino simulación electoral. Aquí toma la
Presidencia el candidato que los sectores industrial y empresarial eligen de
mutuo acuerdo; la elección la hacen ellos. Para Ramfis Domínguez Trujillo ser
Presidente debe contar con el concurso de los principales líderes industriales
y empresariales del país, y eso es muy cuesta arriba, porque si bien estos
sectores demuestran ser políticamente conservadores, no olvidemos que fue
precisamente la burguesía dominicana que se deshizo de Trujillo el 30 de mayo
de 1961, es decir, que es una clase social que ya no quiere vínculos con
dictaduras, incluso, en los últimos años ha apostado a una mayor
democratización del país y al fortalecimiento del proceso electoral promoviendo
y apoyando los debates televisados de candidatos presidenciales. Si algún grupo
empresarial, por vínculos y/o agradecimiento lo apoyaría, sería el de los
Vicini, y ese es un grupo grande, es decir, Ramfis podría obtener el apoyo de
uno de los miembros de la familia, pero no de todos. De hecho, esa familia, en
esferas de decisión empresarial tiene dos representantes, lo que a mi entender
evidencia dos tendencias. Por lo tanto, no se puede ver a este grupo como a una
entidad homogénea en términos políticos.
En
contraposición a este requerimiento indispensable, los apoyos que ha conseguido
Ramfis hasta el momento vienen de ventorrillos políticos de poca monta y de
generales sin tropa que –tras más de una década de lucha- al no poder
convertirse en el Chávez dominicano, se han decantado por respaldar un
movimiento político sin apoyo popular en el que ellos, de producirse un vacío
político de gran impacto en el país y tras algunas escaramuzas, podrían
terminar siendo ministros de las Fuerzas Armadas y volver a vestir el uniforme
militar.
¿Qué
busca Ramfis Domínguez Trujillo con toda esta alharaca?
Alto conocida en el
país es la práctica política de ser precandidato a un cargo o posición mucho
más alto de la posible para quedar siendo el candidato de la posible. O sea, este
señor, al aspirar a la Presidencia de la República se mantiene en la palestra
pública hasta las elecciones, va ganando algunos adeptos entre personas de
criterio dudoso y oportunista, y se convierte en un candidato potable a senador
o diputado de una de las fuerzas políticas conservadoras y/o nacionalistas que
en los últimos años han ganado un poco de auge gracias precisamente al tema
haitiano que Ramfis ha sabido explotar a su favor, pues su abuelo es el autor
intelectual de la matanza de haitianos de 1937 que casi le cuesta la vida a
José Francisco Peña Gómez.
El otro objetivo de los
movimientos de Ramfis Domínguez Trujillo es mantenerse en el foco de la opinión
pública formal (periódicos, programas de tv, programas de radio, etc.) e
informal (redes sociales y rumor público), porque en política es sumamente
importante que se esté hablando del aspirante a una posición, ya sea en bien o
en mal; preferible que sea en bien, pero si se habla en mal, no es negativo del
todo, porque se mantiene la vigencia de su nombre en el imaginario social,
luego solo hay que implementar una campaña que mejore la imagen del aspirante,
porque en política, de lo que no se habla, no existe. Y que el tema Ramfis Domínguez
Trujillo se mantenga latente es una estrategia política que al final, bien
utilizada, generará sus dividendos.
De paso, como de
carambola, pero quizá como parte de un acuerdo con el oficialismo, el nieto del
dictador mantiene a la población atenta a sus movimientos y en una actitud permanente
de rechazo y combate a su imagen, con el fin de que se pierda el interés en el
tema de la corrupción, como por ejemplo, por el caso Odebrecht, que lejos de
que se incluya a todos los que tomaron dinero de la multinacional brasileña –como
se le ha pedido al Procurador-, ya empiezan a ser descargados los encartados, es
decir, que es también un distractor social. Y no menciono otros casos de
corrupción de este gobierno para no correr el riesgo de ser demanda por uno de
los superministros de Danilo Medina, pues si algo ha demostrado la
administración peledeísta es que está tan especializada en el robo público, que
roba y demanda a los denunciantes, resultando gananciosos de causa gracias a
una justicia más que a su servicio: cómplice.
Si bien en nuestro país
hay que dormir como los tiburones: con un ojo abierto y el otro cerrado; por
más ráfagas que sienta y escuche afuera, no pierdo la paz, porque como isleña
tengo la convicción de que después de la tormenta siempre reina la calma. Ramfis es solo eso: ráfagas.
La autora es periodista
y politóloga.
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viernes, 25 de mayo de 2018
Cuento dominicano siglo xx
I.
Los
precursores
El cuento en Santo Domingo tiene
una larga tradición que se remonta a los mismos días de la colonia. A pesar de
la prohibición metropolitana sobre la lectura y escritura de obras de
imaginación, las tradiciones orales fueron muy abundantes durante varios
siglos. Se ha dicho que los primeros cuentos del Nuevo Mundo nacieron en
tierras de la Española, isla que entre sus numerosos blasones ostenta el de
haber sido el primer escenario de varios cronistas de Indias que, como Pedro
Mártir de Anglería, fray Ramón Pané, fray Bartolomé de las Casas y Gonzalo
Fernández de Oviedo, entre otros, reunieron en sus obras muchos de los mitos y
leyendas de los aborígenes. Esos libros fundacionales de la literatura
hispanoamericana constituyen una rica cantera de informaciones sobre hábitos y
costumbres, creencias religiosas y prácticas cotidianas de los
taínos. En otras palabras, una fuente invaluable para conocer el pasado
precolombino de nuestro pueblo; una vía para comprender lo que fuimos antes de
la llegada de los conquistadores y de que se estableciera un orden nuevo que
facilitó la implantación de la cultura hegemónica.
El cuento oral tiene entre nosotros una extensa y accidentada
trayectoria. Muchos cuentos de nuestro folklore se han ido desvaneciendo con el
paso de las generaciones, perdidos hoy en la memoria de viejos relatos de
antaño que en la intimidad del bohío campesino, al caer la noche, bajo la luz
de una jumiadora y mientras fumaban su cachimbo, solían narrar historias de
fantasmas y cuentos de camino.
El primer cuento aparecido en la
prensa dominicana, según refiere el historiador Emilio Rodríguez Demorizi, lo
publicó don José Núñez de Cáceres en El
Duende, el 29 de abril de 1821. Estábamos en la puerta del romanticismo,
movimiento de hondas repercusiones en Europa y América. Los relatos dominicanos
del siglo XIX responden a las orientaciones costumbristas y tradicionistas en
boga, como lo prueba César Nicolás Penson en su conocida obra Cosas Añejas (1891), siguiendo las huellas de Ricardo Palma en
sus Tradiciones peruanas (1872-1918).
En los albores del siglo xx
fueron publicados tres libros que señalaban las principales vertientes del
período: Risas y lágrimas (1901), de
Virginia Elena de Ortea; Cuentos puertoplateños
(1904), de José Ramón López, y Cuentos
frágiles (1908), de Fabio Fiallo. Son autores de formación y orientaciones
distintas, cuyas respectivas obras narrativas podrían ser consideradas como
precursoras del género en la República Dominicana. Los relatos de Virginia
Elena Ortea, que había publicado sus primeros poemas bajo seudónimo de Elena
Kennedy, nombre de su abuela materna, siguen la línea del costumbrismo
decimonónico, y oscilan entre el apólogo, la estampa, la anécdota pueblerina y
el cuadro tradicionista en el que abundan personajes pintorescos.
En cambio, José Ramón López,
periodista y pensador social de gran agudeza política, llamó “cuentos” a sus
relatos de raíz popular, entre los que también incluye textos que desbordan la
tipología convencional y que se acercan más a la novela breve y al teatro. Por
su parte, Fabio Fiallo, tan romántico en su poesía, a la manera de Heine y de
Bécquer, alcanza en sus cuentos modernistas un alto nivel de perfección formal.
Son cuentos frágiles, como ha dicho Manuel Rueda, “pero hechos de un material
tan resistente que la densidad del drama, en vez de romperlos, hace resaltar
sus cualidades”, por eso, “el cuento dominicano alcanza, por primera vez en
nuestra historia, un punto de sólido arranque con Fabio Fiallo. (…) Es un libro
rico en tonos, ya lúgubres, ya leves, ya galantes, con piezas que anuncian la
limpidez o la crudeza del cuento moderno”.
A fines de la segunda década y
principios de la tercera del siglo se publicaron en la República Dominicana
algunos cuentos que se alejaban completamente de la tradición impuesta por el
costumbrismo y el criollismo. Dos escritores familiarizados con las corrientes
literarias contemporáneas a través de lecturas y experiencias cosmopolitas en
otras latitudes, transitaron nuevas rutas, desconocidas hasta entonces en el país. Se trata de Tomás
Hernández Franco y Julio Vega Batlle, considerados por Manuel Rueda como los
dos primeros surrealistas dominicanos. En 1926, Hernández Franco publicó El hombre que había perdido su eje, con
ilustraciones del pintor Jaime Colson; y Vega Batlle, en 1934, el cuento
fantástico “El tren no expreso”, y en
1935 “El espejo ustorio”. Ninguno de
los dos escritores permaneció en la corriente surrealista; fue solo una audacia
literaria de juventud sin mayores consecuencias.
II. El arte narrativo de Juan Bosch
En la década de los treinta
ocurre en la narrativa dominicana un acontecimiento extraordinario: la
aparición de un cuentista destinado a convertirse en el maestro indiscutible
del género en la República Dominicana y uno de los grandes en Hispanoamérica. Me refiero a Juan Bosch, que desde su primer libro, Camino real (1933), abrió una nueva ruta en nuestro país. El largo
exilio del escritor vegano por tierras americanas, hasta su regreso en 1962,
para convertirse, en diciembre de ese año, en el primer presidente
constitucional de la República después de la caída de Trujillo, le permitiría
publicar una serie de libros que constituyen verdaderas antologías que reúnen
los mejores cuentos que escribió: Dos
pesos de agua (1941), Ocho cuentos
(1947), La muchacha de la Guaira (1955),
Cuento de Navidad (1956) y Apuntes sobre el arte de escribir cuentos (1958).
Cuando el escritor retornó a Santo Domingo, la Colección Pensamiento Dominicano
divulgó, con nuevos títulos, sus textos capitales: Cuentos escritos en el exilio y Apuntes
sobre el arte de escribir cuentos (1962), Más cuentos escritos en el exilio (1962), y el propio autor, en una
edición especial de 1975, dio a conocer sus Cuentos
escritos antes del exilio.
En mi ensayo “Juan Bosch o la
creación perdurable”, he dicho que él se centra en el drama secular del
campesino latinoamericano y su sed de justicia frente a la opresión
latifundista. Haciendo caso omiso a una tradición que ya languidecía, Bosch,
sabiamente, descarta la simple conmiseración con los humildes y los patéticos
cuadros del intelectual de gabinete que exagera la realidad para conseguir un
efecto sorprendente, y se sumerge en las profundidades de los conflictos que
entraña la explotación humana. Su inmersión en las dolorosas
realidades de la vida rural rescata de allí las esencias, presentándolas con
una sobriedad impresionante que es mérito y garantía de permanencia en el
tiempo. Él mismo lo ha dicho: “Lo importante no era cómo la gente vistiera o
hablara o hiciera las cosas; sino cómo la gente sintiera”. En ese sentido, los
cuentos de Bosch marcan una ruptura con la tradición narrativa dominicana.
Deja, pues, los aspectos superfluos del habla campesina cibaeña, los detalles
pintorescos, el folklorismo para turistas, las tarjetas postales que recogen lo
más superficial de nuestra idiosincrasia, para desentrañar el alma de hombres y
mujeres desheredados.
A diferencia de lo que ocurre con
los personajes de Horacio Quiroga, de quien es heredero directo, los personajes
de Bosch, aunque a veces están enfrentados a la naturaleza, no son devorados
por ésta, pues su enemigo más temible no es la selva, inexistente en nuestro
caso, sino el amo, el poderoso, el dueño de las tierras. La fatalidad en los
cuentos de Bosch está íntimamente vinculada a la explotación y a todas sus
aliadas, es decir, la miseria, la ignorancia, la superstición, la marginación
social, o cualesquiera otras formas de iniquidad.
En los cuentos neorrealistas de
Bosch no hay cabida para la felicidad ni los deleites del amor, situaciones
que, de presentarse, pronto se desvanecen para dar paso al sufrimiento, que es
lo único perdurable. A veces es un cuadro de miseria sobrecogedor (“En un
bohío”), otras veces las injusticias que padecen los inmigrantes haitianos en
nuestro suelo (“Luis Pie”), o la venganza contra los abusos (“El indio Manuel
Sicuri”), o el suicidio (“La muchacha de la Guaira”), o los duros contrastes
entre campo y ciudad (“Un niño”). En cualquier caso, se impone al lector, con
fuerza avasalladora, el carácter verosímil de esas historias, contadas con la
sobriedad y economía de recursos de un escritor cuya obra se caracteriza por su
elocuente desnudez, como él mismo lo ha reconocido: “En los cuentos yo trataba
de ser lo más escueto, lo menos torrencial e impetuoso: trataba de decir las
cosas con el menor número de palabras”.
Juan Bosch crea sus cuentos de
tal modo que nos encadena a ellos, sin darnos tregua ni respiro posible hasta
el final. Esa tensión interna de la composición narrativa, esa fluencia
constante, esa intensidad con que se desarrolla la acción, son los elementos
que logran captar y mantener el interés del lector. Conseguir un entramado de
gran atractivo con el mínimo de palabras es lo que le da ese toque
característico al conjunto de su obra. Siempre he admirado en él esa maestría
para ir a la esencia de las cosas y al corazón de los seres humanos, y para
extraer de ellos los rasgos que puedan conmovernos, cambiando nuestra
perspectiva de la realidad. También he admirado su espíritu solidario con lo
mejor de la condición humana, su disposición de convertir la escritura en un
acto de amor.
III.
Cuentistas
contemporáneos de Bosch
Mientras se desarrolla la
ejemplar trayectoria de Bosch en Cuba, Venezuela, Costa Rica y otros países del
continente, en la República Dominicana aparecían, paralelamente, otras voces
narrativas relevantes. Una de las más vigorosas fue la de Ramón Marrero Aristy,
autor de Balsié (1938), libro de
relatos que, junto con su novela Over
(1939), forma parte de la más descarnada narrativa social dominicana. Marrero
Aristy, escritor de trágico destino, asesinado por la dictadura a la que había
servido, conoció como pocos la realidad de los ingenios azucareros y la
explotación norteamericana, de las que dejó un testimonio lacerante. Otro
destacado narrador fue Sócrates Nolasco, cuentista y antólogo, autor de Cuentos
del sur (1939) y Cuentos cimarrones (1958), cuyas raíces populares hacen brotar
en su obra un árbol frondoso, poblado de personajes diversos, campesinos
sureños que comunican su drama humano en el habla característica de la región.
Entre 1930 y 1950 surgirían
numerosos autores que cultivaron el cuento con mayor o menor constancia y cuya obra no siempre evolucionó en la
dirección que se vislumbraba en sus inicios. Algunos, como el poeta Vigil Díaz,
creador del vedrinismo –movimiento de
vanguardia de principios de siglo caracterizado por piruetas y atrevidos juegos
verbales- retorna al ámbito de la tradición campesina en su libro Orégano (1949), año en el que, por el
contrario, Ángel Rafael Lamarche exploraba las palpitaciones metropolitanas en Los cuentos que Nueva York no sabe, para
convertirse así en un precursor de la narrativa de tema urbano en el país.
Ciertos narradores de la corriente
realista, como José Rijo, autor de Floreo
(1978), solo llegaron a reunir sus cuentos muchos años después de que
aparecieran en revistas y periódicos. Otros, como Freddy Prestol Castillo,
conocieron el éxito editorial no a través del cuento, sino de la novela. Su
obra El masacre se pasa a pie (1973),
escrita en plena dictadura de Trujillo y escondida bajo tierra durante años,
para evitar la represión que de seguro se habría abatido sobre el escritor si
hubiera sido conocida, fue la que le dio popularidad editorial doce años
después del magnicidio. También a esa corriente realista que encuentra
materiales en la vida rural pertenece Néstor Caro, autor de dos libros de
cuentos importantes, Cielo negro (1950) y Sándalo (1957), en los que el ser
humano se enfrenta a las adversidades de una marginalidad causada por el peso
de una estructura agraria petrificada.
Un caso especial es el de Hilma
Contreras. Oriunda de San Francisco de Macorís, provincia situada en el corazón
del Cibao, tuvo una formación europea, sobre todo en Francia, donde se
desarrolló personal e intelectualmente. Fue una de las pocas narradoras de
envergadura de los tiempos de la Poesía Sorprendida. Su obra, breve y espaciada
entre un título y otro, se inició con Cuatro
cuentos (1953) y Doña Endrina de
Catalayud (1953); continuó años después con
El ojo de Dios: cuentos de la clandestinidad (1962), y prosiguió mucho más
tarde con Entre dos silencios (1987)
y Facetas de la vida (1993). Esta
narradora ha venido realizando su oficio de cuentista sin alardes de ninguna
índole, con una gran conciencia de su labor creativa, en la que no caben
digresiones ni explicaciones inútiles, sino una intensidad lograda a base de
una enorme economía de recursos, trazos definidos, sugerencias que favorecen la
compleja ambigüedad humana. Justo a principios de 2002, a la edad de 91 años,
Hilma Contreras recibió el Premio Nacional de Literatura, en reconocimiento a
su obra creativa de toda una vida, siendo la primera mujer en obtenerlo.
Un recorrido como el que me he propuesto
en esta exposición, que debe estar ceñida a la brevedad por su propia
naturaleza, corre el riesgo de omitir autores de significación en la
trayectoria del cuento dominicano en el siglo xx. Sin embargo, es obvio que no
intento una cronología exhaustiva, ni un ensayo totalizador sobre el tema, sino
apenas un cuadro ilustrativo de nuestra narrativa breve durante el siglo en que
alcanzó su plenitud. Los decenios del treinta al cincuenta presentan una
complejidad enorme a la hora de explicaciones pausibles, y un amplio abanico de
escritores, desde los pocos que habían logrado escapar al exilio –como Bosch,
Pedro Mir y Andrés F. Requena, aunque este último ni siquiera en el extranjero
pudo escapar a la garra de la dictadura, siendo asesinado en New York en 1952-;
hasta los que habían permanecido en la República Dominicana, escribiendo su
obra siempre bajo los ojos de la censura.
Escritores como Manuel de Jesús
Troncoso de la Concha (Narraciones
dominicanas, 1951), Delia Weber (Dora y otros cuentos, 1952), Ángel
Hernández Acosta, Ramón Lacay Polanco (Punto
sur, 1958), J. M. Sanz Lajara (El
candado, 1959), entre otros, forman parte de ese variado calidoscopio de
narradores que van del más acendrado tradicionismo practicado por Troncoso de
la Concha, a la envolvente atmósfera de misterio y vagas premoniciones de
Weber.
IV.
Los
cuentos de Virgilio Díaz Grullón
En las postrimerías de la
dictadura surgió un cuentista que iba a convertirse en uno de nuestros clásicos
contemporáneos. Hablo de Virgilio Díaz Grullón, cuyo primer libro de cuentos,
titulado Un día cualquiera (1958),
marcó un cambio en la narrativa breve de la República Dominicana, por la
ambientación urbana, el buceo en la subjetividad del ser humano y la perfección
de la prosa. Aquel libro nos entrega esa atmósfera agobiante de finales de los
cincuenta, a través de unos personajes condenados a sus circunstancias,
incapaces de cambiar el curso de la historia, y profundamente amargados por la
frustración y el desamparo. En ese primer libro mostró Díaz Grullón sus
cualidades de narrador correcto, sobrio, preocupado por la factura de sus
escritos, atento siempre al lenguaje y al desarrollo de sus historias.
En su segundo libro, Crónicas de Alto Cerro (1966), el autor
entró en una nueva zona de su producción, al tiempo que fortalecía las líneas
de su trabajo anterior. Díaz Grullón fue también uno de los primeros cuentistas
nuestros en preocuparse por la psicología de sus personajes, en el sondeo del
comportamiento humano a través de la ficción. Me atrevería a decir que él se
sentía más a gusto cuando trabajaba con las motivaciones y los valores del
individuo, que cuando manejaba la realidad objetiva que rodea a sus personajes.
Por eso su narrativa pronto tomó la ruta de la introspección y el
subconsciente, dos aspectos que han generado sus mejores cuentos.
Más allá del espejo (1975),
tercer libro de cuentos de Díaz Grullón, nos acerca a las fantasías de su mundo
interior. Ya había escrito cuentos de suspenso, de finales sorpresivos que
cerraban perfectamente las historias, pero en esta última colección jugaba con
la lógica de la absurdidad, con el otro que hay en todo ser humano, con la
doble identidad de los espejos, en su agudo ensayo sobre este notable
cuentista, Ángela Hernández ha señalado, con toda razón, que Virgilio Díaz
Grullón “radiografía la existencia humana, dando en el blanco de sus recónditos
sentidos, sin detenerse para nada en el detalle banal, ése que teje
apariencias”.
V.
Narrativa
breve de la Generación del 60
La narrativa dominicana de la
década de 1960, como casi toda la literatura nacional, se nutre de concepciones
y prácticas que tienen sus raíces en movimientos y grupos de comienzos de
siglo, como el postumismo, y de los
años treinta (los llamados Poetas Independientes, principalmente Tomás Hernández
Franco, Manuel del Cabral, Héctor Incháustegui Cabral y Pedro Mir, que también
escribieron buenos relatos). Los años sesenta constituyeron un período de
fuertes conflictos sociopolíticos desencadenados a partir de la decapitación de
la dictadura de Trujillo. Época de luchas y cambios rápidos: el golpe de Estado
contra Bosch en 1963, la guerra civil y la ocupación militar norteamericana en
1965, y la contrainsurgencia instrumentada en los doce años de Balaguer, a
partir de 1966.
Mucho de lo escrito en aquellos
años tiene ese carácter testimonial, nacionalista, maniqueo, contestatario,
instrumental que caracteriza a las letras de cualquier país en épocas de
grandes conmociones sociales. Los escritores de las nuevas promociones cubren
un amplio registro de expresiones. El primero en encabezar la lista de
narradores sería, a mi juicio, Marcio Veloz Maggiolo, que comenzó publicando poesía
y pasó luego a novelas de corte bíblico, al modo de Pär Lagerkvist, en las que
palpitaba su rebeldía antitrujillista. Veloz Maggiolo incursionó muy pronto en
una narrativa descarnada, de clara connotación social, como se advierte en La vida no tiene nombre y Nosotros los suicidas (1965).
En su protonovela De abril en
adelante (1975), el autor disloca los supuestos tradicionales del arte de
contar, al tiempo que nos ofrece una visión corrosivamente irónica de su
sociedad. Posteriormente publicó su libro La
fértil agonía del amor (1982), galardonado con el Premio Anual de Cuento, y
en el año 2000 apareció su obra Cuentos
para otros milenios. Antología personal, que considero una obra necesaria, esencial,
muy esperada por quienes admiramos al autor, que es sin rivales, el narrador
dominicano más fecundo y uno de los pocos cuentistas nuestros que conoce su
oficio a fondo.
La narrativa de los años sesenta
y setenta agrupa a una serie de autores de distintas edades y promociones
literarias, que incluye poetas, dramaturgos, novelistas y críticos de cine. En la
mayoría de ellos se advierten las influencias formales y experimentales del
boom latinoamericano, y el afán, casi común a todo el grupo, de subvertir los
cánones expresivos y desacralizar la tradición, con una mordacidad y una
virulencia hasta entonces inéditas. Una labor en verdad febril se desató en
Santo Domingo en esos años de ilusiones y expectativas culturales de toda
índole, alimentada por los concursos de cuentos del grupo “La Máscara”, desde
1966. Y de 1977 hasta el presente, los de Casa de Teatro. Podría decirse que
dichos certámenes cubren, durante los últimos cuarenta años, las luces y
sombras del cuento dominicano, con su secreta o abierta lucha por los primeros
lugares y la nombradía que otorgan los galardones.
Un puñado de narradores y libros
esenciales tipifican la cuentística dominicana de aquellos años, en primer
término, René del Risco Bermúdez, poeta y publicista, un promisorio talento
malogrado en el accidente que le costó la vida en diciembre de 1972, autor de “Ahora
que vuelvo, Ton”, cuento emblemático de su generación, incluido póstumamente en
la colección titulada En el barrio no hay banderas (1974). A su lado, Miguel Alfonsea,
otra inteligencia precoz, versátil y deslumbrante, que murió para la literatura
a través de la evasión religiosa, autor de El
enemigo (1970). En ambos casos, como asegura el poeta, crítico literario y
también narrador Ramón Francisco, ambos fueron víctimas de la frustración generacional
de haber perdido la guerra de abril, que en algunas jóvenes promesas de
entonces ahogó la publicidad y en otros el alcohol.
Junto a René y Miguel, se encontraban Armando Almánzar, crítico de cine y narrador, también ganador en
los primeros concursos de “La Máscara”, uno de los más prolíficos cuentistas
del país, autor de Límite (1967) e Infancia feliz (1978, Premio Anual de
Cuento); el dramaturgo y actor Iván García, autor de un libro de relatos sobre
la experiencia de abril del 65, La guerra
no es para nosotros (1979); Antonio Lockward Artiles, narrador, abogado y
profesor universitario, autor de Hotel Cosmos (1966); Efraín Castillo,
narrador, dramaturgo, publicista, y crítico de cine, cuyos cuentos han sido
publicados en revistas y periódicos locales y quien ha sido galardonado con el
Premio Anual de Cuento; así como Rubén Echavarría, Abel Fernández Mejía, Héctor
Amarante y Enriquillo Sánchez.
VI.
Poetas
y dramaturgos-narradores y cuentistas de los setenta
Sitúo en un lugar aparte a tres
escritores que en ese período publicaron obras que no deben ser olvidadas, como
el historiador y crítico Carlos Estevan Deive, quien publicó, en 1966, su libro
Museo de diablos; Aída Cartagena
Portalatín, que había surgido con el grupo de la Poesía Sorprendida, pero cuya
obra adquirió nuevos matices a partir de 1962, época de La voz desatada,
convirtiéndose en antóloga y promotora cultural. Su libro Tablero (1978), reúne una serie de relatos en los que aborda, sin
mucha trascendencia literaria, el mundo de las mujeres. Mención especial merece
el autor de Papeles de Sara y otros relatos (1985), el poeta y dramaturgo Manuel
Rueda, ganador de dos premios del Concurso Casa de Teatro en 1978, con un par
de cuentos completamente distintos, uno en la vertiente pluralista que él mismo
creó (“La bella nerudeana”) y otro de corte realista (“De hombres y gallos”). Papeles
de Sara y otros relatos, galardonado con el Premio Anual de Cuento, constituye
un libro esencial, ajeno a toda pirotecnia verbal o alquimia literaria: un
libro que nació y creció, no como el entretenimiento de un poeta en tiempo de
vacaciones, que intenta probar suerte en
el peligroso terreno del relato, sino como la resultante de una necesidad de
expresión hondamente sentida. Y en ese punto me parece conveniente decir que
Rueda ha sido, hasta ahora, el único autor dominicano que ha conquistado en
España el Premio Tirso de Molina, que le otorgara en 1995 el Instituto de
Cooperación Iberoamericana, por su obra Retablo
de la pasión y muerte de Juana la Loca.
La década de los setenta está muy
bien representada por un selecto grupo de prolíficos narradores que se
convierten en el relevo de la generación anterior, con libros que marcan las
nuevas orientaciones de la cuentística dominicana, como el narrador y
periodista Roberto Marcallé Abreu, gran conocedor de la vida del barrio de
clase media baja (Las dos muertes de José Inirio, 1972); el crítico y
dramaturgo Arturo Rodríguez Fernández, para quien el cine adquiere la dimensión
de personaje (La búsqueda de los desencuentros, 1974); el cuentista, novelista
y antólogo Pedro Peix, ganador de numerosos premios en el concurso de Casa de
Teatro, así como el Anual de Cuento (Las
locas de la plaza de los almendros, 1978); y Rafael Castillo Alba, autor de
La viuda de Martín Contreras y otros cuentos (1980), Premio Anual de Cuento. He
mencionado apenas la primera obra de cada uno de esos autores (excepto Castillo
Alba, que sólo ha publicado una hasta ahora), quienes han continuado
transitando, cada cual a su manera, por los accidentados caminos de nuestras
letras, sin desmayar en sus empeños.
VII.
La
cuentística de la crisis
En los años ochenta, una nueva
promoción de narradores expresa las nuevas orientaciones de un período que
algunos han denominado la década de la crisis, caracterizada por el aumento del
éxodo poblacional del campo hacia las ciudades y de éstas al exterior, los
malestares sociales provocados por la inflación y la inestabilidad económica, y
el nuevo clima humano, caracterizado por el abatimiento espiritual, la
drogadicción, el consumo galopante y el hedonismo como sentido de la
existencia. Habían quedado atrás las viejas preocupaciones de la generación
anterior (la dictadura, el golpe de Estado, la guerra civil), para dar paso a
nuevas situaciones sociales y discusiones estéticas que encontraron su
expresión en la obra de los jóvenes narradores.
Entre los cuentistas más
connotados de la promoción de los ochenta figuran el poeta, narrador y
publicista René Rodriguez Soriano; Ángela Hernández, que encuentra siempre en
la memoria colectiva de Jarabacoa, su pueblo natal, motivos para unos cuentos
escritos en una prosa de aliento poético (Masticar una rosa, 1993); el periodista
y narrador Rafael García Romero, galardonado con varios concursos nacionales;
Avelino Stanley, que ha sabido narrar el drama de los cocolos en nuestro país;
así como Pedro Camilo, Rafael Peralta Romero y Fernando Valerio Holguín, entre
otros.
También entre los ochenta y los noventa
ven la luz varios libros de algunos escritores que provienen de ámbitos
diversos, tanto por su formación profesional como por su principal quehacer
literario. Tenemos el caso del novelista Pedro Vergés, ex Embajador dominicano
en España, ganador, con su novela Sólo
cenizas hallarás (bolero), 1980, del xv Premio Blasco Ibáñez. Cuando Vergés
estuvo residiendo en Santo Domingo hace unos años, publicó varios cuentos en el
suplemento literario Isla Abierta,
que esperamos algún día pueda reunir en un libro. Otro escritor de valía es el
poeta José Enrique García, autor de estampas, cuentos y una novela publicada
por Alfaguara, cuyos personajes, sacados de las entrañas mismas del país, nos
llegan a través de una acción bien manejada que no se diluye en la evocación
poética (Contando lo que pasa, 1986).
Así mismo, Juan Manuel Prida
Busto, economista, historiador y narrador, cuya cuentística se caracteriza por
una visión onírica enraizada en realidades interiores. Construye un mundo de
sueños y pesadillas, un mundo extraño en el que coexisten la evasión a regiones
ignotas con premoniciones apocalípticas del futuro (Huellas de la niebla, 1990, Premio Anual de Cuento). Luis
Arambilet, otro narrador de apreciable talento, publicó en 1978 el primer
cuento dominicano escrito en tarjetas perforadas de computadoras. Sus mejores cuentos,
en los que advertimos una mirada que amalgama la nostalgia y la ironía, la
crítica social y el humor negro, recrean personajes y ambientes urbanos que
todos conocemos, pero que él reinventa con nuevos perfiles (Los pétalos de la
cayena, 1993, Premio Anual de Cuento). Entre los narradores jóvenes de hoy,
quiero hacer constar la presencia refrescante, en nuestra cuentística, de
Manuel Llibre Otero, oriundo de Santiago de los Caballeros, quien ha publicado
la colección Serie de senos (1997).
En lo que respecta a las
escritoras, no podía faltar Ligia Minaya, jurista y catedrática, autora de
cuentos eróticos escritos en una prosa de elegante fluidez (El callejón de las flores, 1999, Premio
Anual de Cuento). De igual modo, varias mujeres de distintas promociones que
han incursionado en la narrativa breve, como la pianista y escritora Aída
Bonnelly (Variaciones, 1984), Emelda
Ramos, Emilia Pereyra –Semifinalista del Premio Planeta- y Jeannette Miller,
gran exponente de la poesía de los sesenta y prestigiosa crítica de arte, quien
avanza arrolladoramente con su libro Cuentos
de mujeres (2004).
VIII.
Los
cuentistas “novísimos”
En su selección titulada Última flor del naufragio. Antología de
novísimos cuentistas dominicanos (1995), que reúne a diecinueve autores de
los años noventa, Pedro Antonio Valdez afirma que la narrativa dominicana, “con
su secuencia incesante de aciertos y desventuras, constituye la historia de un naufragio”.
Conviene recordar ahora que Pedro Peix, en su antología de cuentistas, habló de
“narrativa yugulada” para referirse al vacío en la continuidad del cuento
nacional. Valdez, superando su pesimismo inicial, intenta tipificar las
características del grupo de cuentistas de los años noventa, “los últimos del
siglo como del milenio”, diciendo que la ruralidad cede a la
internacionalización de la ciudad, la experimentación técnica deja de ser un
instrumento de ruptura, hay pluralidad formal, se entronizan el erotismo, la
angustia, la abstracción.
Los cuentistas de los noventa, en
su mayoría, están aún en proceso de formación, tratando de ganar un espacio
propio en la narrativa dominicana. Algunos son muy conocidos por su
participación en certámenes y han obtenido galardones, como Luis Martín Gómez (Dialecto, 1999), Pedro José Gris (Premio de Cuento Casa de Teatro
1991, no ha publicado libro en este género), Aurora Arias (Fin de mundo y otros relatos, 2000) y el propio Pedro Antonio
Valdez (Papeles de Astarot, Premio
Anual de Cuento, 1992); otros han decidido realizar una carrera literaria
académica: tal es el caso de Pablo Jorge Mustonen, economista de profesión, que
realizó maestría en literatura en la Universidad de Almería. Algún otro está en
proceso de publicar su primer libro, como Luis A. Toirac, autor de La hiedra interior (2003).
IX.
Nota
sobre los escritores de la diáspora
Por último, están los narradores
dominicanos de la diáspora, término que agrupa a los escritores que han salido
del país y se encuentran activos en otros lugares. Debo admitir que he leído a
unos cuantos, muy pocos, como José Carvajal, que vive en Nueva York (De barrio y de ciudad, 1990), y Viriato
Sención, que desde hace años reside en la República Dominicana (La enana Celenia y otros cuentos, 1994).
Otros escriben en inglés, como la
extraordinaria Julia Álvarez, autora de novelas que incluso han sido llevadas
al cine con actrices tan populares como Salma Hayek (En el tiempo de las mariposas, 1995); o Junot Díaz, que con un solo
libro ha logrado situarse en las páginas de prestigiosas revistas como The New Yorker y The Paris Review. Debo
admitir que, para mí, los libros de estos autores que escriben en inglés, no
pueden prescindir de quien realiza las traducciones. El libro de Junot Díaz,
titulado Drown (1996), palabra cuya traducción sería “ahogado”, más o menos,
fue publicado por la editorial Grijalbo Mondadori, de Barcelona, como The Boys, mientras que en la traducción
de Eduardo Lago para Vintage Books, se titula Negocios.
Algo similar ocurre con las obras
de Julia Álvarez. En la traducción que en Barcelona hizo Jordi Gubern de la primera
novela importante de Julia, De cómo las
chicas García perdieron su acento
(1994), los personajes usan el pronombre “vosotros”, que en Santo Domingo no
sólo está ausente, sino que es impensable en ningún tipo de conversación o
escrito. En la traducción argentina de En
el tiempo de las mariposas, se habla de “bombachas” por pantaletas, “nafta”
por gasolina, así como numerosos argentinismos que carecen de sentido para los
dominicanos.
X.
Final
Llego así al final de mi
recorrido por el cuento dominicano siglo
xx, sabiendo que he dejado pendientes para otra ocasión muchos temas,
nombres y títulos que forman también parte de ese cuerpo variado, múltiple,
heterogéneo, rico en matices y niveles de excelencia que es la narrativa breve
de la República Dominicana. Si he logrado ofrecer por lo menos una noción del
tema, un perfil aproximado de ese vasto y complejo universo del cuento
dominicano del siglo xx, no sólo me daría por satisfecho, sino que me sentiría
muy agradecido y ampliamente recompensado.
José Alcántara Almánzar
Tomado de su libro El lector apasionado. Ensayos sobre literatura. (2015), Santo Domingo, República Dominicana: Santuario.
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