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martes, 26 de noviembre de 2019

Domingo Matías se compromete a invertir RD$40 millones en políticas de educación, género y salud en SDO



SANTO DOMINGO.- El sociólogo, catedrático y municipalista Domingo Matías, se ha comprometido públicamente a destinar 40 millones de pesos todos los aos, los cuales serán invertidos en políticas de educación, género y salud dirigidas a mujeres y jóvenes de Santo Domingo Oeste (SDO), con lo cual obedecería el mandato de la Ley 176-07 del Distrito Nacional y los Municipios que establece la especialización de un 4% para estas acciones.

“Los factores de riesgos impulsores de la violencia contra la mujer se encuentran en las comunidades, en las relaciones sociales y en la familia. De ahí que las políticas públicas del Gobierno central y los ayuntamientos dominicanos deben enfocarse en cambiar las condiciones materiales de dependencia económica en que viven las mujeres, la lucha contra el pandillerismo y seguimiento permanente a las alertas de violencia”, expuso Matías, quien es candidato a alcalde por el municipio SDO.

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), 1,795 mujeres han sido asesinadas en República Dominicana en los últimos 9 años. En lo que va de este 2019, unas 69 mujeres han perdido la vida a manos de sus parejas o ex parejas como consecuencia de la violencia machista.

“Para bajar esta cifra es urgente provocar un mayor empoderamiento de las mujeres en las organizaciones sociales, en los cargos públicos y de elección popular. Más mujeres y hombres con poderes en igualdad de oportunidades y condiciones siempre aportarán a bajar y erradicar esta calamidad social”, sostiene el autor de los libros ‘Presupuesto participativo y democratización’, ‘Estado de situación de la descentralización municipalizada en RD’, entre otras obras relativas a los municipios.

A Matías le apoyan los partidos Frente Amplio (FA), Opción Democrática (OD), Alianza País (Alpaís), Patria para Todos (PPT), Partido Revolucionario Social Demócrata (PRSD) y el movimiento social ‘Voces para el cambio SDO’.

“Hago un llamado a los hombres y las mujeres para que desde el seno del hogar fomenten la convivencia pacífica entre hermanos y hermanas. Se promuevan las relaciones afectuosas, amorosas y de confianza entre padres y madres con los hijos e hijas. Esta es una gran terapia que impacta la psiquis o la mente del núcleo familiar”, exhorta Matías.

martes, 12 de noviembre de 2019

Hay más fiscales corruptas en todo el país


Aurelina Cuevas Román, después de desestimar una denuncia en contra de la periodista Patricia Báez Martínez, ahora presenta pruebas contra ella por el mismo hecho

Era el viernes 23 de febrero de este año, esa mañana decidí salir a investigar dónde era que supuestamente se me estaba investigando por abuso sexual contra mi niña de 12 años. Pasé por la fiscalía de NNA y me dijeron que allí no había nada contra mí, que fuera a la Unidad de Atención a Víctimas de Violencia de Género, en el barrio 30 de mayo, y así lo hice. Al preguntar, me informaron que sí, que en agosto de 2018 el padre de mi hija había puesto una denuncia en mi contra por abuso sexual, maltrato físico y abandono contra una menor de edad, pero que eso fue desestimado, “porque la niña iba por un lado y el padre por otro”, dijo textualmente la fiscal Aurelina Cuevas Román, quien había recibido la denuncia; y agregó: “Esa gente, el padre y la esposa, vinieron mucho aquí para que a usted la mandaran a buscar presa, pero yo consideré que eso era un abuso”. Le pedí una certificación de esa desestimación, pero como la secretaria ese viernes había pedido el día libre, me dijo que fuera el lunes 26. Ese lunes tenía audiencia en el Tribunal de NNA de la Pedro Livio Cedeño, donde se discutió la guarda, pero antes de salir fui a la fiscalía por la certificación. Cuando Aurelina Cuevas Román llegó pidió le buscaran el expediente, al rato me mandó a buscar, y muy compungida, me dijo: “Yo le dí una información errada, el caso no está desestimado, de hecho hay una orden de detención en su contra”. Me quedé pasmada. “Considero que lo que se está haciendo contra usted es injusto”, volvió a reiterar. Como tenía audiencia ese día, me dejó ir, quedamos que en cuanto yo llegara a Baní, me pondría a disposición de la UAVVG.

Al yo decir, a través de mis denuncias en las redes, las valoraciones de Cuevas Román sobre la denuncia aviesa en mi contra, fue suspendida por varios meses. Entonces inició la contienda entre su ex jefa y yo, Georgia Teresa Abreu Román, la cual denuncié en diferentes instancias, aunque Bolívar Sánchez no quiso recibir la denuncia en la Procuraduría, y fue separada del puesto. Primero estuvo en la Fiscalía de Baní como asistente del Procurador Fiscal y luego la mandaron para Azua, a la Unidad de Atención a Víctimas de Violencia de Género de ese municipio, para que siguiera abusando de otras mujeres, cambiando testimonios de niños para solicitar órdenes de arresto. Pues fue ella, quien por encima de Aurelina Cuevas Román, tomó el expediente, cambió el testimonio de mi hija para pedir una orden de detención dizque por exhibicionismo.

La niña fue llevada a cámara Gesell en San Cristóbal, a pesar de que me opuse porque sabía que iba a ser una tortura para ella. Y fue llevada totalmente manipulada por el padre y su esposa, pero a pesar de eso, todo salió bien, porque mi hija es un ángel (lo mejor dentro de lo peor) y porque oré mucho y pedí unción del Señor en ese lugar. De las cuatro acusaciones, solo una mantuvo la niña: Que le daba con todo y por todo. Y admitió, una vez más, que dice mentiras, así como que su padre le informa de mis publicaciones en Facebook y que deja los expedientes del caso rodando por la casa y ella los hojea. Ése video es la única prueba válida contra mí en ese caso.

Sin embargo, hoy, la titular de la Unidad de Atención a Víctimas de Violencia de Género de Baní es Aurelina Cuevas Román, sí, la misma fiscal que me dijo que había desestimado el caso porque la niña iba por un lado y el papá por otro, y que consideraba injusto lo que se me estaba haciendo, y ella va a presentar cargos contra mí el lunes 16 de diciembre.

Las pruebas en mi contra son:

1- 1  El testimonio del padre (testimonio interesado en desaparecerme de la vida de mi hija).
2- 2  Testimonio de la trabajadora doméstica de la casa del padre (que nunca ha ido a mi casa ni me conoce, y cuyo video donde ella cuenta lo que la niña supuestamente le contó, lo graba su padre y la esposa sin ser ellos parte del Ministerio Público ni tener auto de un juez para colectar esa prueba).
3- 3 El acta de nacimiento de la niña (que lo único que prueba es que ella existe y quién es).
4-  Reporte de rendimiento escolar del Colegio Dominicano de La Salle (a ver qué tiene que ver eso con lo que se me acusa).
5- Un CD contentivo de la entrevista en la cámara Gesell (que más que hundirme, me salva, y que tendrá que ser admitido también como prueba a descargo).

Me preguntaba indignado mi adorado Orbis Beltré: “¿Pero es que esa fiscal no tiene oficio?” No lo creo. Me parece que ella le teme al padre de mi hija, porque conoce las influencias que él maneja, pues ya una vez la hizo suspender, y ella le tiró ese bulto al juez, para que cuando hagan una archivo definitivo del caso, él no vaya en contra suya. Muy inteligente de su parte, y la apoyo –en este instinto protector- porque considero que ella también ha sido víctima colateral de la violencia que se ejerce contra mí. La otra posibilidad es que Cuevas Román esté recibiendo órdenes del fiscal Darío Tejeda Fabal, quien es un brazo ejecutor de las maldades del senador Wilton Guerrero en el municipio.

(Haciendo un paréntesis: Después de la destitución de Cecilia Báez de la UAVVG de Baní, a finales de marzo de 2018 (1 año y 8 meses), ya van tres (3) titulares de la unidad: Georgia Teresa Abreu Matos, Praxísteles Méndez Segura y ahora Aurelina Cuevas. ¿Está caliente la silla? Parece que solo el fundillo de Cecilia Báez podía contener las órdenes del brazo ejecutor del cacique de Peravia). Recordar que Cecilia Báez fue la fiscal que solicitó medida de coerción –por violencia de género- contra Vantroi Suazo, el pupilo de Wilton Guerrero, quien  estando aún preso fue designado por el Presidente Danilo Medina secretario de la Juventud.

Gasté 5,000 pesos dominicanos y un mes de esfuerzo denunciando a Georgia Teresa Abreu Matos y conseguí que la quitaran del puesto, lo que hicieron en silencio, mas yo me encargué de pregonarlo, para que las mujeres de este  país sepan que es posible quejarse de las autoridades y hacer que sean removidas de sus cargos. Sin embargo, luego la mandaron al mismo puesto, pero en Azua. Pudiera volver a gastar lo mismo e invertir igual esfuerzo, y hacer que quiten a Aurelina Cuevas Román, por incoherente y sospechosa de corrupción –y conste que la corrupción no es solo recibir dinero-, pero ¿Para qué? ¿Para que la manden a la UAVVG de Nizao?

Hoy la Procuraduría General de la República pretende lavarse las manos por las muertes de Anibel González y Juana Domínguez en San Pedro de Macorís, a causa de los delitos de una red de mafiosos de la Fiscalía de esa jurisdicción, cuya  figura visible es la fiscal Margarita Hernández, pero no se las pueden lavar. Las manos del Procurador Jean Alain Rodríguez, de Ana Andrea Villa Camacho, de Bolívar Sánchez, y otros tantos funcionarios corruptos más, están sucias de la sangre de mujeres víctimas de la violencia machista.

A mí me critican porque denuncio los atropellos en mi contra por las redes sociales, ¿Pero qué hubiese sido de mí, si no denuncio por esta vía? ¿Si no pongo en evidencia a mi fino agresor? Que sepa yo, ni Anibel González ni Juana Domínguez, ni muchas otras víctimas del odio machista, han usado esa vía. A veces me pregunto: ¿Me han salvado las redes? Él podrá tener 30 órdenes de alejamiento a su favor (mi madre dice sobre esto: ¿Y quién quiere acercarse a él?), pero todo el mundo sabe, que si me pasare cualquier cosa, él es el primer y único sospechoso.

Si voy a morir por ser mujer y madre, y defenderme, y defenderla, prefiero morir de pies, y no de rodillas. Que cada quien cargue con su culpa.

martes, 26 de marzo de 2019

Inspectoría del MP se niega a recibir denuncia de periodista Patricia Báez contra fiscal de Peravia


Baní, prov. Peravia.- La periodista y politóloga Patricia Báez Martínez denunció este martes que fue objeto de discriminación por parte de la Inspectoría General del Ministerio Público, cuando personal de esa oficina se negó a recibir una denuncia o copia de ésta contra la fiscal titular de la Unidad de Atención a Víctimas de Violencia de Género de la provincia Peravia, Georgia Teresa Matos Abreu.

“En ese departamento me atendió el joven Emil Pérez, quien entró a una oficina a mostrarle la denuncia a una magistrada de la que no dijo el nombre, se supone que asistente del magistrado Bolívar Sánchez, y cuando salió de allí, dijo que no la podían recibir porque si lo hacían, luego la iban a desestimar”, refiere la profesional.

El Reglamento Disciplinario del Ministerio Público establece en su artículo 15 que “La Inspectoría General del Ministerio Público es un órgano permanente encargado de investigar, de oficio o por denuncia, las faltas atribuidas a las y los representantes del Ministerio Público y presentar las acusaciones cuando corresponda”.

La periodista Patricia Báez sostiene que una denuncia que el padre de su hija menor interpuso contra ella en la Unidad de Atención a Víctimas de Violencia de Género de Peravia, fue mal manejada y manipulada en perjuicio de su persona y de la propia menor, además de haber sido victima de maltrato, por lo que ha solicitado en diferentes instancias una investigación del caso y del accionar de la magistrada Matos Abreu.

En la actualidad la profesional de la comunicación se encuentra peleando por el régimen de visitas para ver a su hija, pues estuvo siete meses sin hablarle ni verla por negativa del padre de la menor, lo que ella califica de secuestro parental con ayuda del sistema judicial, ya sea por complicidad o negligencia.

miércoles, 2 de enero de 2019

En Roma dos mujeres se liberan de la violencia de género


(Permíteme disentir, Daniel Nina)

Por Patricia Báez Martínez

Roma (2018), el más reciente trabajo cinematográfico del mexicano Alfonso Cuarón, ha concitado una gran ola de comentarios tanto negativos como positivos, desde la representatividad fenotípica de la mujer mexicana por Yalitza Aparicio hasta la excelente ambientación y cámara  a blanco y negro realizada por su productor. Pero hoy no deseo escribir ni de una cosa ni de la otra, hoy deseo responderle –con mucho respeto- al colega escritor Daniel Nina, quien ha realizado un excelente análisis del filme desde la perspectiva socio-ética, pero que no deja de ser una visión de tantas que puede tener la cinta, y que las tiene.

En su análisis titulado ‘Roma,espero me permitan disentir’, publicado el recién pasado 29 de diciembre en ‘El post antillano’, Nina pregunta “¿a qué se le rinde homenaje en esta película?”, e inmediatamente responde: “Se le rinde homenaje al trato inhumano que las clases medias o medias altas, le confieren a su empleada doméstica”. Yo diría que no se le rinde homenaje al maltrato de una clase social sobre otra, sino que lo retrata, que no es lo mismo. Precisamente como piensa y actúa el escritor boricua respecto a la obra de Martin Heiddeger: Por usted admitir que una práctica social existe, no quiere decir que usted esté de acuerdo con ella.

Otra de las críticas de Nina  va en el sentido de que las actrices indígenas del filme de Cuarón no tienen agency (condición de iniciar una acción), sin embargo, observamos la agencia de éstas en que utilizan la lengua mixteca en sus conversaciones en la cocina o en la habitación y en la narración de historias folklóricas y cuentos infantiles a los niños blancos de sus patronos. Y es que de la misma forma como las culturas autóctonas resultaron alteradas con la llegada de los colonizadores, de la misma manera la cultura imperialista de los colonizadores siempre ha sido permeada a través del proceso de la servidumbre. Con esto no exaltamos la servidumbre, sino que valoramos los efectos culturales colaterales de ésta para la posteridad.

Habría que preguntarle al propio Cuarón si él se propuso en este filme,  que narra apenas un año de la vida de su familia, destruir la desigualdad social en su país, porque quizá –como ya hemos dicho- su propósito era plasmar en la cinta los aspectos relevantes de su infancia que están relacionados con una indígena llamada Cleo (Aparicio), en un momento determinado, y, por consiguiente, la situación socio-económica de Cleo no varió en ese lapso de tiempo y al terminar siguió recogiendo las mismas excretas de perro que al inicio de la cinta. Solo que al final, la perspectiva de la cámara (en contrapicado) daba una sensación de ascensión, esperanza, liberación de Cleo.

Dos mujeres de diferentes estratos sociales ante violencias de género diferentes

Teresa, una mujer blanca, ha estudiado, vive en la colonia Roma en el DF de México, está casada con un médico, tiene cuatro hijos que van a colegios privados, pueden disfrutar de juegos caros, vacaciones en el campo, la playa o Disney World, etc. Para cuidar de su casa y sus hijos Teresa cuenta con su madre, con dos trabajadoras y con un chofer.

Cleo es una indígena, pobre (como todos los indígenas), joven, sin formación profesional, que vende su fuerza de trabajo (a modo de esclava) para ganarse la vida. En ese proceso, su vida pasa a ser la vida de su patrona. Ama a los hijos de la patrona porque es a través de ellos puede realizar su maternidad de mujer pobre y marginada.

¿Dónde se entrecruzan las vidas de estas dos mujeres?

A mi modo de ver esto ocurre cuando el esposo de Teresa, Antonio, llega a la casa y empieza a quejarse de las excretas del perro en el parqueo, de que se dañan los alimentos en la nevera, todo esto como excusas baratas a su deseo de salir huyendo tras una mujer joven y sin hijos, y dejar atrás un hogar que solo le representa responsabilidades para él. En el caso de Cleo, sale con Fermín, un indígena pobre como ella, y queda embarazada, y tras darle la información, éste huye dejándola abandonada en el cine. Ambos hombres huyen de las ataduras y las responsabilidades de una relación de pareja. Antonio lo hace sin violencia física, pero Fermín sí: Amenaza a Cleo con hacerla parir de varias patadas, y, en verdad, la hace parir literalmente cuando la apunta con un revólver.

Independientemente que me parece una discriminación que Teresa haya acusado a Cleo de tonta por haber quedado embarazada (pues ella tuvo cuatro hijos a Antonio, él la abandona y ella no se acusa a sí misma de tonta, es decir, la que es tonta es la indígena por dejarse embarazar en su situación de desamparo económico), así como en otros momentos, no deja de estar claro en el filme que ambas terminan apoyándose en sus situaciones particulares. “No importa lo que ellos digan. Siempre estamos solas”, le dijo Teresa a Cleo.

Pese a esas discriminaciones, según lo que cuenta Cuarón en su cinta, a Cleo se le trataba como una sirvienta especial: No se le despidió tras informar que estaba embarazada, fue llevada al médico para cuidar de su embarazo, se le iba a comprar una cuna para la criatura, se le permitió descansar tras el parto. Aunque no pareció que durante el embarazo se le haya disminuido la carga ni la jornada laboral.

En tanto, Teresa, en medio de su crisis matrimonial, podía contar con el apoyo de Cleo para cuidar de su casa y de sus hijos, sobre todo, con amor.

Esto no significa que esa sororidad mostrada por Teresa hacia Cleo no estuviera estereotipada, es decir, condicionada hasta donde pudiera soportar su ego de patrona blanca ayudar a una indígena que cuidaba de sus hijos como si fueran suyos.

Al final de cuentas, ambas mujeres, desde diferentes estratos sociales, estaban siendo afectadas por sus parejas y tenían que enfrentar la vida en una relación dual (doble vía) en la que una era la patrona y la otra la servidumbre con grados significativos de maltrato y desconsideración (que las sirvientas no usaran el bombillo de su habitación, por ejemplo) propios en la década del 70 y posterior.

No podía Alfonso Cuarón romper los paradigmas de la desigualdad social en su film en tiempos en que la sociedad mexicana no rompió paradigmas. Claro está, un guionista puede combinar realidad y ficción, sin embargo, cómo iba a ficcionar Cuarón la vida de Cleo para mejor: ¿Teresa donándole la mitad de sus bienes a Cleo en agradecimiento por los años de trabajo?¿Casándose Cleo con el padre de su bebé que le diría: “Deja de trabajar que yo te voy a mantener”, para ella dejar de trabajar por paga en casa de Teresa para trabajar en “su propia casa” sin ninguna paga, a cambio de un techo y un plato de comida?

En realidad, Cleo no tenía opciones/oportunidades o agency.

Los argumentos del apreciado Daniel Nina no dejan de tener ni razón ni valor, solo que no cuentan con la visión de género. De manera cuestionable, la liberación y superación de la mujer se ha sustentado en la explotación de otras mujeres, aunque ahora los paradigmas sociales han cambiado y es por ello que resulta cada vez más difícil hallar un servicio bueno y confiable a quien dejar a cargo del hogar mientras nosotras –las  mujeres de avanzada- tratamos de dejar nuestra impronta en el mundo.  Por otro lado, creo que un número significativo –pero no cuantificado- de mujeres ha pasado de ser trabajadoras del servicio doméstico a técnicas o profesionales gracias a patronas que las han incentivado y permitido estudiar.

Con dos frases concluyo este escrito, el primero del año 2019:

Lo que va viene, y
De la manera severa que juzgues, serás juzgado.

La autora es periodista y politóloga. 

sábado, 23 de junio de 2018

Prólogo de 'Burbujas en el tiempo'



Este libro  contiene  un paseo por la geografía emocional de la República Dominicana. Su autora, Patricia Báez Martínez, recurre a sus vínculos entrañables con las localidades  donde ha vivido para referir  hechos  capturados durante su infancia y primera juventud y que se agitaban en su conciencia buscando una salida. Cuenta sus historias como ficción,  pero dice que han partido de hechos reales.

Ha querido ser sincera, más trasparente  de lo que se le puede requerir a un cuentista. Al autor de cuentos nada  lo obliga a  revelar la veracidad de sus  historias, nada le impide atrapar  lo que ocurre a su alrededor para referirlo  como ficción y transformarlo en obra de arte.   Sobre todo si el hecho narrado entraña rareza, ingrediente básico en la obra literaria.

Siempre habrá que repetir que en el cuento  realidad y ficción se abrazan como entes análogos, de origen común. Ocurre en matemática con la ley de la suma: solo se suman elementos afines u homogéneos. El círculo incluye el dicho del novelista Gustavo Flaubert: “La forma sale del fondo como el calor del fuego”.

Sorprende y agrada que una  escritora de este tiempo narre cuentos  ambientados en el campo sin recurrir a lo que los críticos han llamado  “ruralismo”.

“Juancho del Orbe  era un joven campesino próspero, acostumbrado a esperar los primeros rayos del sol en la enramada que le servía de cocina, atado a su jarro esmaltado, sorbiendo el retinto café” (pág. 19).

A menudo la temática rural  ha sido menospreciada por escritores contemporáneos, que dan por superada esta tendencia,  como si la vida del campo se hubiese extinguido, como si nada allí ocurriere: ni amores ni dolores  ni ambiciones ni pasiones.

Patricia Báez Martínez narra los hechos y los interpreta  y así deja filtrar reflexiones sobre el devenir social: amores frustrados, relaciones forzosas, injusticias  y desigualdades y la persistente preocupación por la problemática femenina. Se refiere al dolor, el amor, el desamor…la vida humana. “Era un dolor viejo y maceraba hasta no sentirlo, hasta ser una cicatriz reseca e indolora” (pág. 22).

La autora de este libro –qué bueno– da muestra  apreciable de respeto por  nuestro idioma y revela inclinación por  el bien decir,  por el uso de la lengua, no solo para comunicar, sino también para provocar emociones y  halagar el buen  gusto.

Cuando se leen estas historias se percibe el rozamiento de las ruedas del tren de Sánchez mientras se desplazan sobre los rieles. Las referencias a este medio de transporte, que bien funcionó en la primera mitad del siglo veinte, son parte de las obsesiones de Patricia Báez Martínez, y a la vez expresiones de los recuerdos  acumulados durante la niñez de uno de sus personajes. “No había escuela sin tren, pues los casi diez kilómetros de distancia entre la casa y la escuela obligaban a cruzar las vías, ya  sea desiertas o ya con la mole de hierro encima” (pág. 31).

Patricia ha encontrado en el cuento  vía adecuada para  expresar sus  ideas sobre la relación  hombre–mujer o  ideas políticas liberales. Pese a la brevedad del volumen, es recurrente, como eje aglutinador, la relación  hombre–mujer. De ahí derivan los matrimonios o concubinatos  de mujeres con hombres de mayor edad y mentalidad esclavista, vínculos maritales  fundados sobre la desigualdad, pues hay una dependencia económica de la mujer, conminada a convivir con un sujeto a quien no ama. Por eso aparecen también las historias de mujeres que se marchan, que ocultan su equipaje lleno de frustraciones hasta el último instante a escondidas del compañero que funge mejor de verdugo que de marido.

“Y allí, sentado en el comedor, se quedó Narciso Mateo, perplejo: con su casa, sus muebles, su vieja jeepeta en la marquesina, decena de botellas de whisky y cerveza vacías debajo del fregadero y en el patio…” (pág. 67).

 
La autora ha salido airosa del primer desafío como cuentista: disponer de  hechos dignos de ser contados, que merezcan la atención de los otros. Se narran acontecimientos nuevos, nuevos aunque no sean recién ocurridos, sino nuevos para el oído o la vista del receptor.

Las acciones cotidianas tienen un lado de rareza y novedad. Nuestra autora  ha probado saber  encontrar esa faz novedosa de los hechos. Ha encontrado sus tramas y personajes, sobre todo en las pasiones y manías humanas: celos, amor, odio, envidia, miedo, codicia, concupiscencia. Toda inclinación patológica hacia una actividad, por cosas materiales  o por cuestiones ideológicas puede provocar en el individuo acciones  fuera de lo común y por tanto, dignas de ser contadas.

Es lo que ha hecho Patricia Báez Martínez en Burbujas en el tiempo, una valiosa forma de iniciar la carrera literaria. Los invito a leer este libro, una auténtica incursión en la dominicanidad.



Rafael Peralta Romero
Diciembre de 2017

Miembro de Número de la Academia Dominicana de la Lengua


miércoles, 23 de mayo de 2018

El cuento (I)



















Juan Bosch

El cuento es un género antiquísimo, que a través de los siglos ha tenido y mantenido el favor del público. Su influencia en el desarrollo de la sensibilidad general puede ser muy grande, y por tal razón el cuentista debe sentirse responsable de lo que escribe, como si fuera un maestro de emociones o de ideas.

Lo primero que debe aclarar una persona que se inclina a escribir cuentos es la intensidad de su vocación. Nadie que no tenga vocación de cuentista puede llegar a escribir buenos cuentos. Lo segundo se refiere al género. ¿Qué es un cuento? La respuesta ha resultado tan difícil que a menudo ha sido soslayada incluso por críticos excelentes, pero puede afirmarse que un cuento es el relato de un hecho que tiene indudable importancia. La importancia del hecho es desde luego relativa, mas debe ser indudable, convincente para la generalidad de los lectores. Si el suceso que forma el meollo del cuento carece de importancia, lo que se escribe puede ser un cuadro, una escena, una estampa, pero no es un cuento.

“Importancia” no quiere decir aquí novedad, caso insólito, acaecimiento singular. La propensión a escoger argumentos poco frecuentes como tema de cuentos puede conducir a una deformación similar a la que sufren en su estructura muscular los profesionales del atletismo. Un niño que va a la escuela no es materia propicia para un cuento, porque no hay nada importante en su viaje diario a las clases; pero hay sustancia para el cuento si el autobús en que va el niño se vuelca o choca, o si al llegar a la escuela el niño halla que el maestro está enfermo o el edificio escolar se ha quemado la noche anterior.

Aprender a discernir dónde hay un tema para cuento es parte esencial de la técnica. Esa técnica es el oficio peculiar con que se trabaja el esqueleto de toda obra de creación; es la “tekne” de los griegos o, si se quiere, la parte de artesanado imprescindible en el bagaje del artista.

A menos que se trate de un caso excepcional, un buen escritor de cuentos tarda años en dominar la técnica del género, y la técnica se adquiere con la práctica más que con estudios. Pero nunca debe olvidarse que el género tiene una técnica y que ésta debe conocerse a fondo. Cuento quiere decir llevar cuenta de un hecho. La palabra proviene del latín computus, y es inútil el tratar de rehuir el significado esencial que late en el origen de los vocablos. Una persona puede llevar cuenta de algo con números romanos, con números árabes, con signos algebraicos; pero tiene que llevar esa cuenta. No puede olvidar ciertas cantidades o ignorar determinados valores. Llevar cuenta es ir ceñido al hecho que se computa. El que no sabe llevar con palabras la cuenta de un suceso, no es cuentista.

De paso diremos que una vez adquirida la técnica, el cuentista puede escoger su propio camino, ser “hermético” o “figurativo” como se dice ahora, o lo que es lo mismo, subjetivo u objetivo; aplicar su estilo personal, presentar su obra desde su ángulo individual; expresarse como él crea que debe hacerlo. Pero no debe echarse en olvido que el género, reconocido como el más difícil en todos los idiomas, no tolera innovaciones sino de los autores que lo dominan en lo más esencial de su estructura.

El interés que despierta el cuento puede medirse por los juicios que les merece a críticos, cuentistas y aficionados. Se dice a menudo que el cuento es una novela en síntesis y que la novela requiere más aliento en el que la escribe. En realidad los dos géneros son dos cosas distintas; y es más difícil lograr un buen libro de cuentos que una novela buena. Comparar diez páginas de cuento con las doscientas cincuenta de una novela es una ligereza. Una novela de esa dimensión puede escribirse en dos meses; un libro de cuentos, que sea bueno y que tenga doscientas cincuenta páginas, no se logra en tan corto tiempo. La diferencia fundamental entre un género y el otro está en la dirección, la novela es extensa; el cuento es intenso.

El novelista crea caracteres y a menudo sucede que esos caracteres se le rebelan al autor y actúan conforme a sus propias naturalezas de manera que con frecuencia una novela no termina como el novelita lo había planeado, si no como los personajes de la obra lo determinan con sus hechos. En el cuento, la situación es diferente; el cuento tiene que ser obra exclusiva del cuentista. Él es el padre y el dictador de sus criaturas, no puede dejarlas libres ni tolerarles rebeliones. Esa voluntad de predominio del cuentista sobre sus personajes es lo que se traduce en tensión y por tanto en intensidad. La intensidad de un cuento no es producto obligado, como ha dicho alguien, de su corta extensión; es el fruto de la voluntad sostenida con que el cuentista trabaja su obra. Probablemente es ahí donde se halla la causa de que el género sea tan difícil, pues el cuentista necesita ejercer sobre sí mismo una vigilancia constante que no se logra sin disciplina mental y emocional; y eso no es fácil.

Fundamentalmente, el estado de ánimo del cuentista tiene que ser el mismo para recoger su material que para escribir. Seleccionar la materia de un cuento demanda esfuerzo, capacidad de concentración y trabajo de análisis. A menudo parece más atrayente tal tema que tal otro; pero el tema debe ser visto no en su estado primitivo, sino como si estuviera ya elaborado. El cuentista debe ver desde el primer momento su material organizado en tema, como si ya estuviera el cuento escrito, lo cual requiere casi tanta tensión como escribir.

El verdadero cuentista dedica muchas horas de su vida a estudiar la técnica del género, al grado que logre dominarla de la misma forma en que el pintor consciente domina la pincelada: la da, no tiene que premeditarla. Esa técnica no implica, como se piensa con frecuencia, el final sorprendente. Lo fundamental en ella es mantener vivo el interés del lector y por lo tanto sostener sin caídas la tensión, la fuerza interior con que el suceso va reproduciéndose. El final sorprendente no es una condición imprescindible en el buen cuento. Hay grandes cuentistas como Antón Chéjov, que apenas lo usaron. “A la deriva”, de Horacio Quiroga, no lo tiene, y es una pieza magistral. Un final sorprendente impuesto a la fuerza destruye otras buenas condiciones en un cuento. Ahora bien, el cuento debe tener su final natural como debe tener su principio.

No importa que el cuento sea subjetivo u objetivo; que el estilo del autor sea deliberadamente claro u oscuro, directo o indirecto; el cuento debe comenzar interesando al lector. Una vez cogido en ese interés el lector está en manos del cuentista y éste no debe soltarlo más. A partir del principio el cuentista debe ser implacable con el sujeto de su obra; lo conducirá sin piedad hacia el destino que previamente le ha trazado; no le permitirá el menor desvío. Una sola frase, aun siendo de tres palabras, que no esté lógica y entrañablemente justificada en ese destino manchará el cuento y le quitará esplendor y fuerza. Kipling refiere que para él era más importante lo que tachaba que lo que dejaba; Quiroga afirma que un cuento es una flecha disparada hacia un blanco, y ya se sabe que la flecha que se desvía no llega al blanco.

La manera natural de comenzar un cuento fue siempre el “había una vez” o “érase una vez”. Esa corta frase tenía –y tiene aún en la gente del pueblo- un valor de conjuro; ella sola bastaba a despertar el interés de los que rodeaban al relator de cuentos. En su origen, el cuento no empezaba con descripciones  de paisajes, a menos que se tratara de un paisaje descrito con escasas palabras para justificar la presencia o la acción el protagonista; comenzaba por éste, y pintándolo en actividad. Aun hoy, esa manera de comenzar es buena. El cuento debe iniciarse con el protagonista en acción, física o psicológica, pero acción; el principio no debe hallarse a mucha distancia del meollo mismo del cuento, a fin de evitar que el lector se canse.

Saber comenzar un cuento es tan importante como saber terminarlo. El cuentista serio estudia y practica sin descanso la entrada del cuento. Es en la primera frase donde está el hechizo de un buen cuento; ella determina el ritmo y la tensión de la pieza. Un cuento que comienza bien casi siempre termina bien. El autor queda comprometido consigo mismo a mantener el nivel de su creación a la altura en que la inició. Hay una sola manera de empezar un cuento con acierto. Despertando de golpe el interés del lector. El antiguo “había una vez” o “érase una vez” tiene que ser suplido con algo que tenga su mismo valor de conjuro. El cuentista joven debe estudiar con detenimiento la manera en que inician sus cuentos los grandes maestros; debe leer, uno por uno, los primeros párrafos de los mejores cuentos de Maupassant, de Kipling, de Sherwood Anderson, de Quiroga, que fue quizá el más consciente de todos ellos en lo que a la técnica del cuento se refiere.

Comenzar bien un cuento y llevarlo hacia su final sin una digresión, sin una debilidad, sin un desvío: he ahí en pocas palabras el núcleo de la técnica del cuento. Quien sepa hacer eso tiene le oficio de cuentista, conoce la “tekne” del género. El oficio es la parte formal de la tarea, pero quien no domine ese lado formal no llegará a ser buen cuentista. Sólo el que lo domine podrá transformar el cuento, mejorarlo con una nueva modalidad, iluminarlo con el toque de su personalidad creadora.

Ese oficio es necesario para el que cuenta cuentos en un mercado árabe y para el que los escribe en una biblioteca de París. No hay manera de conocerlo sin ejercerlo. Nadie nace sabiéndolo, aunque en ocasiones un cuentista nato puede producir un buen cuento por adivinación de artista. El oficio es obra del trabajo asiduo, de la meditación constante, de la dedicación apasionada. Cuentistas de apreciables cualidades para la narración han perdido su don porque mientras tuvieron dentro de sí temas escribieron sin detenerse a estudiar la técnica del cuento y nunca la dominaron; cuando la veta interior se agotó, les faltó la capacidad para elaborar, con asuntos externos a su experiencia íntima, la delicada arquitectura de un cuento. No adquirieron el oficio a tiempo, y sin el oficio no podían construir.

En sus primeros tiempos el cuentista crea en estado de semiinconsciencia. La acción se le impone; los personajes y sus circunstancias le arrastran; un torrente de palabras luminosas se lanza sobre él. Mientras ese estado de ánimo dura el cuentista tiene que ir aprendiendo la técnica a fin de imponerse a ese mundo hermoso y desordenado que abruma su mundo interior. El conocimiento de la técnica le permitirá señorearse sobre la embriagante pasión como Yavé sobre el caos. Se halla en el momento apropiado para estudiar los principios en que descansa la profesión de cuentista, y debe hacerlo sin pérdida de tiempo. Los principios del género, no importa lo que crean algunos cuentistas noveles, son inalterables; por lo menos, en la medida en que la obra humana lo es.

La búsqueda y la selección del material es una parte importante de la técnica; de la búsqueda y de la selección saldrá el tema. Parece que esas dos palabras –búsqueda y selección- implican lo mismo: buscar es seleccionar. Pero no es así para el cuentista. Él buscará aquello que su alma desea; motivos campesinos o de mar, episodios de hombres del pueblo o de niños, asuntos de amor o de trabajo. Una vez obtenido el material, escogerá el que más se avenga con su concepto general de la vida y con el tipo de cuento que se propone escribir.

Esa parte de la tarea es sagradamente personal; nadie puede intervenir en ella. A menudo la gente se acerca a novelistas y cuentistas para contarles cosas que le han sucedido, “temas para novelas y cuentos”, que no interesan al escritor porque nada le dicen a su sensibilidad. Ahora bien, si nadie debe intervenir en la selección el tema, hay un consejo útil que dar a los cuentistas jóvenes: que estudien el material con minuciosidad y seriedad; que estudien concienzudamente el escenario de su cuento, el personaje y su ambiente, su mundo psicológico y el trabajo con que se gana la vida.

Escribir cuentos es una tarea seria y además hermosa. Arte difícil, tiene el premio en su propia realización. Hay mucho que decir sobre él. Pero lo más importante es esto: El que nace con la vocación de cuentista trae al mundo un don que está en la obligación de poner al servicio de la sociedad. La única manera de cumplir con esa obligación es desenvolviendo sus dotes naturales, y para lograrlo tiene que aprender todo lo relativo a su oficio; qué es un cuento y que debe hacer para escribir buenos cuentos. Si encara su vocación con seriedad, estudiará a conciencia, trabajará, se afanará por dominar el género, que es sin duda muy rebelde, pero dominable. Otros lo han logrado. Él también puede lograrlo.

Caracas, Venezuela, 1958.

Tomado de la presentación de su libro 'Cuentos escritos en el exilio'.


miércoles, 21 de diciembre de 2016

Tres causales es revictimizar la mujer, pero es algo


La despenalización del aborto por las tres causales es un punto intermedio entre quienes defienden los derechos plenos de la mujer y los grupos religiosos y conservadores, y es una deuda del Estado para con la mujer dominicana

Por Patricia Báez Martínez

El presidente ha observado el proyecto de ley de Código Penal para que el Congreso Nacional tome en cuenta el tema del derecho de la mujer dominicana al aborto en caso de que su vida peligre, cuando la criatura es producto de una violación sexual e/o incesto, y cuando el feto presente malformaciones congénitas. Esta ha sido una lucha de larga data del movimiento feminista dominicano, que al ver la imposibilidad de que el aborto puro y simple fuera aprobado, optó por una salida moderada y viable: El aborto condicionado por tres causales.

Aunque el proyecto vuelve al Congreso y con ello continúa nuestra lucha, celebramos hoy la observación hecha por el presidente Danilo Medina. Si lográsemos el consenso de las dos terceras partes de las matrículas de las cámaras legislativas a favor del aborto por las tres cuales (#Abortox3causales) es muy probable que no volvamos a tener más “Esperancitas” en nuestro país, ni más niñas pariendo criaturas producto de estupros.

Luchamos por tres causales para que el aborto sea permitido en República Dominicana, sin embargo, esas tres causales victimizan a la mujer. Al menos en dos de las tres causales planteadas, la mujer es vista como objeto-victimizado: Cuando su vida peligra (está en riesgo de muerte, débil, afectada, enferma) y cuando la criatura es producto de una violación sexual (es un ser débil frente a otro más fuerte y/o con autoridad).

En ninguno de los tres escenarios planteados la mujer tiene potestad, sino que ésta es ostentada por médicos y personal del Ministerio Público. Los médicos decidirían si la mujer puede abortar en caso de que su vida corra peligro o la criatura padezca malformación congénita; y en el caso de las violaciones sexuales, las niñas y mujeres abusadas que queden embarazadas tendrían que demostrar que han sido violadas, y así no ser perseguidas judicialmente tras abortar.

En el caso de las niñas víctimas de incesto, las familias que decidan no denunciar al agresor para no “destruir” la unidad familiar, éstas quedarían desamparadas por parte del Estado, pues no podrían acceder al aborto legal y seguro, y al practicar éste  de forma clandestina se pondrían en riesgo su salud reproductiva y  vidas, y las consecuencias legales de ese aborto no justificado ante las autoridades no necesariamente sobre caerían en el victimario, sino en el personal médico y el adulto que lleve a la  niña hasta el centro de salud o la “comadrona” y pague por el servicio.

Como se puede ver, en el escenario más halagüeño, la mujer dominicana seguiría sin ser dueña de su cuerpo y su destino, continuaría requiriendo el consentimiento o permiso de la autoridad para disponer de éste y diseñar su vida (una autoridad históricamente ostentada por el hombre y los estamentos del Estado que él como género ha dominado).

Cuando en República Dominicana el aborto sea permitido sin condición –con excepción de las contenidas en el protocolo médico-, entonces podremos hablar de un derecho obtenido mediante el fortalecimiento del género femenino y no su victimización como está ocurriendo en la actualidad, pero como decía la periodista italiana Oriana Falacci en ‘Carta a un niño que no llegó a nacer’: No existe nada peor que la nada. Ante la iniciativa de las iglesias de constitucionalizar y criminalizar el aborto en sentido general, lograr la despenalización por las tres causales es una gran victoria que salvaría muchas vidas, en su mayoría madres pobres que hoy desprotegidas dejan niños en la orfandad.
El aborto no es nuestra meta, el objetivo perseguido es la igualdad y el desarrollo de la mujer. Para ello se requiere educación sexual en las escuelas y colegios, métodos anticonceptivos asequibles tanto a mujeres como a hombres de todas las edades y  clases sociales, y como último recurso, la posibilidad del aborto en caso de que la niña o mujer no esté en condiciones de llevar a término el embarazo.

Despenalizar el aborto por las tres causales, no es una imposición a que mujeres cuyas vidas peligren se les practique un aborto, o a que todo niño malformado desde el vientre sea abortado, o a que todo feto producto de una violación sexual sea arrancado del útero de la víctima, no. En esos tres escenarios planteados, la mujer o su familia (en el caso de las niñas) decidirán si desean o no el aborto.  No se obligará a ninguna cristiana o evangélica a abortar, como ningún cristiano o evangélico debe impedir que las niñas y mujeres que sí deseen acceder al aborto por estos motivos, así lo hagan.

Es una cuestión de derechos. Unos plantean el derecho de la vida recién formada en el vientre, del que no podría disponer la madre según las iglesias y la Constitución, pero de aprobarse el aborto por las tres causales en el Código Penal (un reconocimiento a la dignidad de la mujer), los grupos pro vida deben respetar el derecho de las niñas y mujeres que sí decidan acceder al aborto, pues como ellos aducen: El derecho propio termina donde comienza el derecho ajeno.


Es tiempo de que la sociedad dominicana dé otro paso de avance en materia de derechos de la mujer, no estamos dispuestas a seguir siendo el receptáculo paciente de espermas y legislaciones machistas. Con este inicio de siglo apostamos a un cambio transformador para nuestras vidas, Ustedes legisladores están compelidos a decidir si se suman a nuestro proyecto de desarrollo paritario o le dan la espalda a un derecho no reconocido que gime desde las entrañas de la madre tierra.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Carla Massiel, entre el rito satánico y el tráfico de órganos

“Honorable es fracasar en la duda, mas no en la creencia ciega”.

Por Patricia Báez Martínez

Los niños, esos pequeños seres humanos inmaculados y vulnerables, son el blanco de diversas organizaciones del crimen organizado, y no organizado. Más fáciles de dominar, ocultar, desaparecer. Como niños al fin, su desaparición puede ocurrir por distracción propia, y eso aporta a los delincuentes un lapso propicio para perpetrar sus horrendos crímenes. La inocencia de éstos es el Santo Grial de toda filosofía, creencia o moral autodestructiva.

Los ritos satánicos son tan antiguos como la humanidad misma. Las personas tienen derecho a creer en Dios o en el Diablo, a lo que no tienen derecho es a quitarle a vida a otra persona en el nombre de esa creencia, y por ello, la creencia o fe, no son tomadas en cuenta por los jueces como circunstancias atenuantes en la sanción de un crimen.

Hoy las autoridades quieren encausar la investigación sobre la muerte de Carla Massiel en el crimen común o el rito satánico. El tráfico de órganos es una “leyenda urbana”, pero también lo es el sacrificio-ritual de niños y adolescentes vírgenes. No podemos asegurar que su fatal destino haya sido el tráfico de órganos como tampoco se puede descartar el crimen común, como lo es la violación sexual, aún disfrazada ésta de rito satánico. Es más, para los que creemos en la existencia de dos fuerzas opuestas: Bien y Mal, toda violación sexual entraña satanismo de una u otra forma. “Cuando ocurren asesinatos brutales se inventan toda clases de artimañas como la del satanismo. No se entiende el Mal humano y hay que endilgar a otro. El Mal es el Mal y los humanos hacemos Mal, solo que es demasiado duro de ver”, opina sobre este caso particular la antropóloga dominicana Fátima Portorreal Liriano.

Asumamos, pues, que la desaparición y posterior asesinato de Carla Massiel tenga como móvil la violencia de género –presumiblemente la de tipo sexual- tan generalizada en nuestro país, y que Dawin José Trinidad solo esté buscando ganar tiempo y protección para no ser linchado en la cárcel, donde otros antisociales tienen ciertos códigos de ética que les impide aceptar ese nivel de violencia no solo contra una infante, sino contra su familia y toda una sociedad que ha sufrido durante más de un año su desaparición. Siendo así, siendo todo una treta, una minúscula parte de la mitomanía de este joven, algunas preguntas quedan sin respuestas:

¿Es cierto que era empleado en la finca del doctor Hipólito Santana en Pedro Brand donde, dicho sea de paso, habría sido hallado el cadáver de la niña?

¿Cuál o cuáles eran sus funciones como empleado?

¿Existen formas de probar que era empleado de la familia Santana?
De ser cierto, 

¿Por qué una familia de profesionales y empresarios tenía como peón a una persona tenida en su comunidad como un ladrón y agresor sexual?

Si no puede probar su vínculo laboral, ¿Cómo y por qué conoce los nombres del doctor Hipólito Santana Guzmán y su hija Liliana? ¿Cómo sabe qué tipo de vehículo usa ella?

¿Es cierto que en el lugar del hallazgo del cadáver de la menor fue hallada una sábana que pertenece al Centro Médico Integral II?

¿Cuáles elementos hicieron que el Ministerio Público allanara y cerrara tres centros médicos de la zona Oriental? ¿Las simples declaraciones de uno de los acusados y/o la existencia de otros elementos de prueba, como la sábana (por ejemplo)?

¿Cuál fue el resultado de la investigación que debió realizarse con el allanamiento de la Procuraduría a las clínicas en cuestión?

¿De qué murió Carla Massiel? Si no hubo extracción de órganos, como dice el Procurador, pues ya deben saber las autoridades de qué murió ¿No?

La muerte violenta de Ronald Castillo (mencionado por Dawin como la persona que raptó a la niña) ¿Fue el desenlace del robo frustrado de una jeepeta o del rapto de un niño de cuatro años que iba a bordo?

¿Por qué el médico forense Sergio Sarita Valdez -en sus intervenciones sobre este caso- no descarta la posibilidad de tráfico de órganos?

¿Por qué los medios de comunicación y la Procuraduría  se han encargado de construir un expediente oscuro en torno a Dawin José Trinidad, y no auscultan el origen de las clínicas bajo investigación?

¿Tenía el doctor Hipólito Santana Guzmán relaciones con altos funcionarios del oficialista Partido de la Liberación Dominicana (PLD)?

El Instituto Nacional de Coordinación de Trasplante (Incort) sostiene que para un trasplante se requieren equipos médicos sofisticados y un personal médico numeroso y muy especializado. Nos parece que la familia Santana podría reunir ambos requisitos.  En República Dominicana todo es posible, a pesar de solo ocupar media isla, es una fuente inagotable de recursos para los depredadores. Además, sabemos que para todo, con mucho billete, hay excepciones. En otros países de la región como Perú, Colombia, México y Panamá el tráfico de órganos, voluntario o no, es una realidad admitida y que se discute de forma pública, por qué habremos de ser la diferencia si adolecemos de los mismos males ancestrales que nuestros hermanos latinoamericanos: Corrupción e impunidad. Y el tráfico de órganos es un tipo de corrupción.

Tras el disfraz de la “leyenda urbana”, los niños y niñas de los dominicanos ‘de abajo’ son secuestrados y exigimos saber qué está aconteciendo. Ni el desconocimiento de nuevos flagelos sociales ni el manto de la impunidad serán aceptados por respuesta.

El niño Llenas Aybar, rico de cuna, no es parte de la leyenda urbana, fue quizá víctima de un rito satánico de jevitos aburridos de sus insustanciales vidas. La niña Carla Massiel, pobrísima de cuna, podría haber sido víctima del crimen común como lo es la violencia sexual, de un crimen común como es el asesinato aunque esté revestido de rito satánico, pero los dominicanos y dominicanas comprometidos con un proyecto de nación más allá de este siglo, no estamos en la disposición de que nos vendan por leyenda una aristas de posible tráfico de órganos.

En el caso de Carla Massiel fueron violentados el derecho a la vida, de la niñez, a una vida sin violencia, a la protección de la familia, a la  libertad personal, y tipifica como feminicidio y desaparición forzosa. Aunque en el caso de la desaparición forzosa, el país (rehuyendo a los casos de Juan Almonte Herrera,  Gabriel Sandy Alistar y Randy Vizcaíno González –vistos por última vez cuando se hallaban bajo custodia policial-) no ha firmado la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas.


Como feminicidio (el hecho de matar a una mujer por el solo hecho de pertenecer al sexo femenino, de acuerdo a la investigadora mexicana Marcela Lagarde, quien le confirió al feminicidio la categoría de crimen de Estado: es “una fractura del Estado de derecho que favorece la impunidad”), República Dominicana es signataria de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Belém do Pará); aunque sea un sueño de Pilarín, las autoridades están conminadas si no a revelar la verdad, al menos a brindar a toda la ciudadanía unos resultados coherentes, creíbles, convincentes, pues desde nuestra barricada no descartamos que una niña de 10 años tumbe cosas más grandes que los ocho super tucanos  que derribó tan solo con su cándida mirada de la manipulable agenda mediática.

jueves, 3 de marzo de 2016

Mujer de los rieles














A mi que me dejaron sin voz,
Cerrado el útero de desamor,
siguiendo la mala estrella del hierro de sol a luna.

A mi que no me comprendieron,
Arrancados mis hijos de su jardín,
Empujados mis blancos huesos al abismo.

 A mi que se me despojó del amor
Y dieron por abrigo fría noche,
Al amparo de la luna y sus lobos.

A mi que no tuve defensa.
Señalada con rencor,
Tres veces repudiada:
Mujer, pobre y negra.

A mi que calmé el hambre de las bestias,
Raído mi cuerpo,
 El alma ya en pena.

A mi, caminante a la orilla del tren de Sánchez.
El pecho henchido de imaginar sus caritas;
Bolsillos vacíos. Punto negro del paisaje diurno.

A ti, a quien he venido a hallar en el hades.
A ti, que me odiaste hasta morir.

A mi, que me empujaste a la muerte en vida,
Sábeme a gloria el infierno
Si he de verte purgar el dolor de mis heridas.



Patricia Báez Martínez
17/2/2016
Baní, prov. Peravia

* La foto corresponde a las vías férreas de los vagones cañeros del suroeste dominicano. 

Mujer de los rieles














A mi que me dejaron sin voz,
Cerrado el útero de desamor,
siguiendo la mala estrella del hierro de sol a luna.

A mi que no me comprendieron,
Arrancados mis hijos de su jardín,
Empujados mis blancos huesos al abismo.

 A mi que se me despojó del amor
Y dieron por abrigo fría noche,
Al amparo de la luna y sus lobos.

A mi que no tuve defensa.
Señalada con rencor,
Tres veces repudiada:
Mujer, pobre y negra.

A mi que calmé el hambre de las bestias,
Raído mi cuerpo,
 El alma ya en pena.

A mi, caminante a la orilla del tren de Sánchez.
El pecho henchido de imaginar sus caritas;
Bolsillos vacíos. Punto negro del paisaje diurno.

A ti, a quien he venido a hallar en el hades.
A ti, que me odiaste hasta morir.

A mi, que me empujaste a la muerte en vida,
Sábeme a gloria el infierno Si he de verte purgar el dolor de mis heridas.



Patricia Báez Martínez
17/2/2016
Baní, prov. Peravia

* La foto corresponde a las vías férreas de los vagones cañeros del suroeste dominicano. 

jueves, 17 de abril de 2014

Blanca Nieves y el mago Merlín


Por Patricia Báez Martínez

La cuentística infantil y rosa está atiborrada de imágenes en las cuales la mujer es ocultada en su infancia u otra etapa temprana de su vida, como la adolescencia, para luego reaparecer y disfrutar de afectos y bienes que les habrían sido conculcados por seres malvados. Blanca Nieves, tal vez, sea el primer ejemplo de este tipo de estereotipo  con el que inicia el  mundo imaginario de las niñas, y con el cual se enseña a que tras un largo sufrimiento, aparecerá ese príncipe azul, poseedor de un gran castillo y una elegante carroza, que después de un beso, le hará feliz, supuestamente para siempre. Nunca hay segunda parte de estas historietas, para saber si terminaron en divorcio.  Existe una película sobre el rey galo Luis XIV en la que se narraba la existencia de un hermano gemelo del monarca, que fue ocultado en la prisión de La Bastilla y tras la rebelión de la nobleza, habría sido rescatado para que ocupara el lugar del rey.

¿A qué viene el tema? Meses atrás le regalé a mi hija pequeña el libro ‘Merlín el mago’. Fue lo que hallé atractivo para ella en ese momento en una tienda por departamentos de Santo Domingo. Hoy, mientras ella lo releía, puse atención a los argumentos.

Arturo, el hijo del rey de Inglaterra habría sido llevado a la zona rural, a casa de un campesino que se ocupó de su formación, según lo pidió el rey al mago Merlín. Siendo extraño que si se le responsabilizara de su educación, el príncipe fuera criado por un campesino y no por un noble, además, ocultando su verdadera identidad, hasta que un día, por pura coincidencia de la vida, Arturo, ya adolescente, logra sacar la espada Excalibur de un yunque y demuestra, supuestamente sin proponérselo, que es hijo de Uther, el rey ya muerto, y es ascendido al trono.

Recordé a Blanca Nieves y a tantos personajes de novelas latinoamericanas, historietas en las que se narran historias similares, aunque existe una gran diferencia en la asignación de roles de género en la cuentística infantil dominante.

Mientras las mujeres al reaparecer ganan un esposo e hijos, y viven en un castillo que no es de ellas, sino del príncipe o rey al que le resultan “graciosas”, y una supuesta vida feliz; tomando como referencia la película antes citada -de la tradición francesa, y el cuento del mago Merlín, de la tradición inglesa-, es evidente que el hombre predestinado por su estirpe, al reaparecer, asume el poder, en este caso el poder político, que es la llave a  todos los demás poderes.

Blanca Nieves pasa de limpiar pisos a vivir en un castillo, pero Arturo pasa de una vida de niño campesino a gobernar Inglaterra, siendo abismal la diferencia de beneficios-privilegios entre ser una simple esposa-madre a ser el rey de un determinado territorio y población.

Siendo que en los tiempos de Blanca Nieves, y dada su escasa formación profesional, ser esposa-madre de un príncipe, era de por sí un gran privilegio, no dejamos de observar que el premio otorgado a Blanca Nieves se corresponde con el contrato social del matrimonio en el que la mujer se convierte en una simple replicadora del estatus quo, asumiendo una función de compañera o acompañante del real tomador de decisiones, tanto de tipo social como políticas y económicas.

En estos albores del siglo XXI, las expectativas de felicidad de la mujer no se limitan al matrimonio, los hijos, la casa y el automóvil. Arturo corre con más suerte, siendo que el poder político fue y sigue siendo atractivo, incluso para muchas mujeres, antes relegadas al papel de Blanca Nieves.

Ya el daño está hecho, pero vale la pena preguntarse: Por qué se mantiene y sigue teniendo demanda en el mercado este tipo de literatura infantil. Conocemos cuentistas infantiles excelentes, con una perspectiva social muy diferente, incluida la de género, y, sin embargo, estos no proliferan con tanta abundancia y frecuencia en las librerías locales, como sí ocurre  con este tipo de literatura alienante.


Encontrar un libro de cuentos adecuado para un niño o niña que una pretenda educar con una visión diferente del mundo y de ella misma, se convierte así en una tarea de horas, es convertirse en pescador de libros: Lanzar el anzuelo, no pescar nada o atrapar un pez o muy pequeño o un zapato, hasta que tras horas de lecturas, encuentras uno que otro libro que reúne las características adecuadas para el lector. Un personaje libre de estereotipos y prejuicios y un lenguaje y diálogo sencillos, adaptados a su edad, pero que al mismo tiempo los rete a pensar, a avanzar en la formación de su cerebro, pero ante todo en la construcción de una personalidad libre de ataduras.